
LOS OCHO AYES
Mt.23
Así como en el Sermón del Monte nuestro Amado Señor, pronunció las “Bienaventuranzas” y la razón de cada una de ellas, ahora vemos que pronunció los “Ayes” y la razón de cada “Ay” .
La Palabra de Dios nos enseña que “ninguna maldición viene sin causa” (Pr.26:2); por lo tanto, nos corresponde examinar cada una de estas sentencias pronunciadas por Jesús mismo, ya que cada “Ay” representa un juicio Divino.
En el Antiguo Testamento, el profeta Isaías, en el capítulo 5, inspirado por el Espíritu Santo, pronunció una serie de Ayes contra los impíos; leamos las palabras de Cristo a la luz del profeta Isaías y del resto de las escrituras, para tomar el sentido que nuestro Amado Dios quiso darles.
1. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando” (vr.13).
Sería lógico pensar que los fariseos por ser los que estaban dedicados a enseñar la ley, debían ayudar a los demás a entrar en el Reino de los Cielos; sin embargo, estos hombres cerraron el Reino de Dios, pues dejaron de enseñar la Ley tal como Dios la había dado. “La Ley es Santa y el mandamiento es Santo, justo y bueno”(Rom.7:12) y todos podemos conocer el Reino de Dios aquí en la tierra por medio de la ley de Dios la cual es perfecta (Sal..19:7ª).
Jesús dijo en el evangelio de Lucas: “¡Ay de vosotros, interpretes de la ley!” porque habéis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis” (Lc.11:52).
¿Cuál es la llave del Reino de los Cielos? De hecho, si ellos quitaron esa llave, es porque ellos la tenían. Jesús le dijo a Pedro, cuando aún no era Apóstol: “a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos”(Mt.16:9); más tarde, Pedro, fue comisionado por Dios para predicar el Evangelio y en su primer predicación se convirtieron cerca de tres mil almas (Hch.3:41).
Mt.23
Así como en el Sermón del Monte nuestro Amado Señor, pronunció las “Bienaventuranzas” y la razón de cada una de ellas, ahora vemos que pronunció los “Ayes” y la razón de cada “Ay” .
La Palabra de Dios nos enseña que “ninguna maldición viene sin causa” (Pr.26:2); por lo tanto, nos corresponde examinar cada una de estas sentencias pronunciadas por Jesús mismo, ya que cada “Ay” representa un juicio Divino.
En el Antiguo Testamento, el profeta Isaías, en el capítulo 5, inspirado por el Espíritu Santo, pronunció una serie de Ayes contra los impíos; leamos las palabras de Cristo a la luz del profeta Isaías y del resto de las escrituras, para tomar el sentido que nuestro Amado Dios quiso darles.
1. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando” (vr.13).
Sería lógico pensar que los fariseos por ser los que estaban dedicados a enseñar la ley, debían ayudar a los demás a entrar en el Reino de los Cielos; sin embargo, estos hombres cerraron el Reino de Dios, pues dejaron de enseñar la Ley tal como Dios la había dado. “La Ley es Santa y el mandamiento es Santo, justo y bueno”(Rom.7:12) y todos podemos conocer el Reino de Dios aquí en la tierra por medio de la ley de Dios la cual es perfecta (Sal..19:7ª).
Jesús dijo en el evangelio de Lucas: “¡Ay de vosotros, interpretes de la ley!” porque habéis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis” (Lc.11:52).
¿Cuál es la llave del Reino de los Cielos? De hecho, si ellos quitaron esa llave, es porque ellos la tenían. Jesús le dijo a Pedro, cuando aún no era Apóstol: “a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos”(Mt.16:9); más tarde, Pedro, fue comisionado por Dios para predicar el Evangelio y en su primer predicación se convirtieron cerca de tres mil almas (Hch.3:41).
Así vemos que “la Palabra de Dios” es la “llave del Reino de Dios”, y los escribas y fariseos tuvieron la llave del Reino de Dios, pues la Ley es la misma palabra de Dios. Más, habiendo los fariseos tenido la Ley de Dios, la cual es la llave del Reino de los Cielos, no entraron ellos ni dejaban entrar a otras personas.
En Palabras del profeta Isaías: “Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen el amargo por dulce y lo dulce por amargo”.(Is.5:20). En otras palabras, lo que los fariseos hicieron con la ley de Dios, fue cambiarla y de esa manera quitaron la llave del Reino de Dios, de modo que dice Jesús: “atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”(Mt.23:4).
Este mismo “Ay” se sigue oyendo hoy día y estos, sobre aquellos que cambian la palabra de Dios, por palabra de hombre, haciendo extraviar las llaves del Reino de los Cielos.
2. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque devoráis las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación”(vr.14).
En este segundo “Ay” que Jesús pronunció, se nos habla de una práctica que trae “mayor condenación”, y es usar la palabra de Dios como pretexto para explotar a los indefensos. Es decir, estos hombres no sólo cambiaron la ley dándole una interpretación privada, sino que también, usaban la Ley para enriquecerse explotando a las viudas.
Sabemos por la Escritura que “Dios es padre de huérfanos y defensor de viudas”(Sal.68:5), en consecuencia Dios juzga la causa de los desprotegidos. Sin embargo, aún así, una práctica de los fariseos consistía en enriquecerse a costa de los “indefensos”.
El profeta Isaías, también denunció está práctica: “Ay de los que juntáis casa con casa y añadís campo con campo hasta que no queda sitio alguno, para habitar vosotros solos en medio de la tierra”(Is.5:8).
Es claro, que para obtener provecho propio, estos hombres se valían de su “apariencia” (Lc.20:47), de esta forma podía hacer largas oraciones.
Dios abomina esta práctica y advierte a sus discípulos de cuidarse de aquellos que cometen esta clase de injusticia. ¡Mayor condenación! Significa, que aparte de la condenación por cambiar la Palabra de Dios, se añade la condenación por explotar alas viudas.
Este mismo “Ay” sigue vigente hoy día, pues el Evangelio puede ser usado como pretexto para devorar las casas de los indefensos.
Es cierto que hoy quienes en verdad sirven a Dios, pero también hay los que se sirven de Dios; líbrenos Dios de cometer la injusticia de quitarles a los pequeños lo único que tienen.
3. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llaga a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros”. (Vr.15).
El hacer proselitismos, o ganar adeptos, es como quien forma parte de un partido político. Esto es, sectorizar el pueblo de Dios y hacer a las personas seguidores de un partido, en lugar de hacerlas seguidoras de Cristo.
Es claro que los escribas y fariseos tenían prosélitos (Hch.2:10); el Apóstol Pablo, reprende durante ésta práctica en la Iglesia de Corintios diciendo: “ ¿qué es pues, Apolos? Y ¿qué es Pablo? Servidores mediante los cuales vosotros habéis creído, según el Señor dio oportunidad a cada uno. Yo planté Apolos, regó, pero Dios ha dado el crecimiento así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento.
Ahora bien, el que planta, y el que riega son una misma cosa, pero cada uno recibirá su propia recompensa conforme a su propia labor. Porque nosotros somos colocadores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios” (1 Cor.3:5-9).
Más, la práctica de los fariseos excedida el proselitismo, pues aparte de ganar adeptos, les enseñaban las mismas prácticas de ellos ya un peores; en palabras de Jesús, respecto a los prosélitos: “y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros”(vr.15b). Si lugar a dudas, este “Ay” también lo oímos hoy día, pues muchos han hecho de la iglesia su propio partido religioso, formando pugnas dentro del Cuerpo de Cristo, y en algunos casos formando sectas. Entonces, podemos decir con el Señor “Ay de los que hacen prosélitos y los hacen peores que ellos”.
4. “Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: no es nada el que alguno jure por el templo; pero el que jura por el oro del templo, contrae obligación” (vr.16).
Ya el Señor había advertido a sus discípulos que en lugar de “jurar”, nuestro hablar debe ser “Sí, si” o “No, no”; pues "lo que es más de esto, procede del mal”(Mt.5:37).
La persona que hace un juramento “se impone una obligación y debe hacer todo lo que salga de su boca”(Num.30:2), y dado a que diversas circunstancias en ocasiones no se puede cumplir el juramento, entonces se incurre en falta ya que un juramento no se puede quebrantar. Por eso el Señor enseñó a sus discípulos : “No juréis de ninguna manera; ni por el Cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello”(Mt.5:34-37). Entonces, la esencia del juramento es el ser “veraces” y dado a que humanamente hay cosas que no es posible cumplirlas, nuestro amado Señor, nos enseña a no jurar, para no pecar con nuestra boca; más bien, debemos hacer lo que decimos, pues “la verdad” es cuando lo que se dice y lo que se hace son una misma cosa.
En los escribas y fariseos encontramos un divorcio entre lo que ellos decían y lo que hacían; por eso el Señor expresó: “Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen”(Mt.23:2-3). Luego, el divorcio entre las palabras y los hechos nos llevan a la falsedad, por eso, el Señor abiertamente los calificó como “hipócritas”. Este doble discurso de los fariseos entre las palabras y los hechos, los llevó a buscar justificarse, diferenciando entre el juramento por el templo y el juramento por el oro del templo.
El Señor enérgicamente les reprendió por esa enseñanza ya que el que jura por el templo, jura por lo que hay dentro del él(vr.21), y el que jura por el altar, jura por la ofrenda que está dentro(vr.20).
También hoy día, Dios nos demanda que nuestro hablar y nuestras acciones sean consecuentes. Jesucristo, dice que Él es “la verdad”(Jn.14:6), pues todo lo que dijo lo hizo y obró conforme recibió de su Padre(Jn.5:19).
5. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: La justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debéis haber hecho, sin descuidar aquellas”(vr.23).
Llegó a ser tanta la ceguera de los escribas y fariseos que pasaban por alto el propósito de la ley, el cual es: justicia, misericordia y fe. Es decir, estos hombres o “Maestros de la ley”, fijándose sólo en la letra, dejaban por fuera la más importante.
En palabras del Apóstol Pablo: “La letra mata, pero el Espíritu da Vida”(2 Cor.3:6). Así, vemos que cuando los detalles anulan el “ser”, entonces se ignora la justicia y la misericordia. Por esta razón, algunos grupos religiosos han caído en pleitos sobre “comida” “ropa” “transfusión de sangre” entre otras cosas. Jesús dice: “misericordia quiero y no sacrificio”(Mt.9:13).
Podemos cumplir con una serie de requisitos los cuales nos parece claro que hay que cumplir. Podemos ir a la iglesia cada domingo, diezmar sagradamente y aun así, nuestra vida puede carecer de misericordia, justicia y fe. Líbranos Oh Dios de caer en la trampa de los fariseos.
El profeta Isaías, también dice: “Ay de los sabios a sus propios ojos e inteligentes ante sí mismos”(Is.5:21).
Los fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés, pero dejaron por fuera los preceptos de más peso de la ley, por eso el Señor, les dice: “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!”(vr.24).
6. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque limpiáis el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno”(vr.25).
Una práctica constante de los fariseos y escribas era condenar a aquellos que no se levaban las manos para comer. Por ésta razón, el Señor les dice: “No hay nada fuera del hombre que al entrarse Él pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre”(Mr.7:15). En otras palabras, nada se gana limpiando lo externo, sin limpiar lo de adentro. Este sexto “Ay”, es para los que nunca limpian lo de adentro.
En las Bienaventuranzas está: “Bienaventurados lo de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”(Mt.5:8).
Luego es claro, que higiénicamente se puede ser muy limpio, y sin embargo, estar lleno de robo e injusticia. Este “Ay” se sigue oyendo hoy en día. Dios quiere que sus hijos seamos limpios de todo robo, mentira, avaricia, fornicación y de todas las cosas que sí contaminan al hombre(Mt.15:19).
El consejo del Señor, es el siguiente: “Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio”(vr.26).
De hecho, sabemos que la limpieza es importante, pero más importante que la limpieza exterior es la limpieza de adentro. La Palabra de Dios, es la que purifica; Jesús expresó a sus discípulos: “vosotros estáis limpios por la Palabra que os he hablado”(Jn.15:3). Es decir, debemos aceptar la Palabra de Dios, en nuestras vidas para que nuestro vaso, el cual es nuestro “ser” sea limpio. Todo aquel que tiene la esperanza de ver a Jesús, se purifica (1 Jn.3:3).
7. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia" (vr.27)
En este séptimo “Ay”, Jesús señala directamente lo que había en el corazón de ellos. ¿Hemos escuchado alguna vez una denuncia tan fuerte?. Sin duda Dios sigue hablando de la misma manera; en Apocalipsis el Señor habla a la iglesia de Sardis diciendo: “Yo conozco tus obras, que tiene nombre de que vives, pero estas muerto”(Ap.3:16). Esta misma condición, el Señor la señala en los escribas y fariseos de aquella época: “Sepulcros blanqueados”; esto es, por fuera lucen hermosos y por dentro llenos de huesos. En el evangelio de Lucas, el Señor también dice: “Ay de vosotros, porque sois como sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo”. Sin duda, la “apariencia” engaña a la mayoría de los hombres, más no engaña a Dios, pues Él escudriña la mente y el corazón. La característica de los sepulcros, es que la gente pasa por encima de ellos ignorando lo que hay por dentro. Por eso, este sexto “Ay” es la cumbre de todos los anteriores, pues, directamente el Señor señala la condición interna de los fariseos.
Anteriormente Jesús les expresó: “¡Camada de víboras! ¿Cómo podéis hablar cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo de su mal tesoro saca cosas malas”(Mt.12:34-35).
Así podemos ver que los fariseos tenían un “mal tesoro” dentro de ellos que lo exteriorizaban en sus malas obras. ¿Habrá hoy día personas de igual condición a la de los escribas y fariseos? Sin duda, que al haber personas que no se pueden evadir de los anteriores ayes, también están ubicados dentro de este séptimo Ay, pues los otros ayes, son resultado de este. En palabras del Señor, “el árbol se conoce por su fruto”(Mt.12:33b).
8. “Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: “si vosotros hubierais vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido cómplices en derramar la sangre de los profetas”(vr.29-30).
En este último “Ay”, el Señor señala a los escribas y fariseos de homicidas. En palabras del Señor “Llenad la medida de la culpa de vuestros padres”(vr.32). Así podemos ver que los padres de ellos persiguieron y mataron a los profetas, ahora ellos, persiguen a Cristo y sus Apóstoles.
No debemos pensar que esta palabra nada tiene que decirnos, pues Jesús, también dice: “Habéis oído que se dijo “no mataran” y cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte”. Pero yo os digo que todo aquel que este enojado con su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: “Idiota”, será reo del infierno de fuego”(Mt.5:21-22).
Así que el homicidio primero comienza en el corazón, luego es claro que los insultos son un paso que nos deja expuestos al peligro. La palabra de Dios, nos enseña a guardar nuestro corazón por sobre todas las cosas(Pr.4:23). Si no guardamos nuestro corazón, entonces oiremos las palabras de Dios a Caín cuando dijo “El pecado esta a la puerta” (Gn.4:7).
Luego, si alguien planea el mal dentro de sí, los hechos vienen a ser sólo la consumación de lo que ya estaba dentro de tal persona. Dios, nos libre de estar en este octavo “Ay”, más, es claro que esta palabra sigue corriendo hoy día.
Exegesis de Pedro Angel Caicedo.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada