viernes 2 de enero de 2009



LA PROMESA HECHA A ABRAHAM

Dios promete a Abraham, siendo él anciano y Sara estéril, un hijo de ella, y le hace padre y cabeza de las gentes, y la fe de la promesa la confirma y sella con el Sacramento de la Circuncisión.


Después nació Israel de Agar, en el cual pudo sospechar Abraham que se cumplió lo que Dios le había prometido cuando, tratando de adoptar a uno de los criados de su casa, le dijo el Señor: “no será este criado tu heredero, sino uno que saldrá de ti será tu heredero” (Gen.15:4) para que no se imaginase que esta promesa se había cumplido en el hijo que había tenido de su esclava; siendo ya de noventa y nueve años, se le apareció el Señor, y le dijo: (Ib.17:1-21) “Yo soy Dios, procura ser agradable en mi acatamiento, vivir irreprensible y pondré mi testamento y pacto entre yo y tú y te multiplicaré extraordinariamente”. Postróse Abraham con el rostro en tierra, y le habló el Señor diciendo: “Ven aquí, que yo hago mi pacto contigo, y serás padre y cabeza de muchas gentes, y no será más tu nombre Abrán, sino que te llamarán Abraham, porque te he constituido padre de muchas naciones y te multiplicaré grandemente. Te haré jefe y cabeza de las naciones, y procederán de ti reyes; haré mi pacto entre yo y tú, y entre tu descendencia después de ti por sus generaciones con pacto eterno. Seré tu Dios, y de tus descendientes después de ti, y te daré a ti y a tus sucesores esta tierra en que vives ahora peregrino, es a saber, toda la tierra de Canaam en posesión perpetua, y seré el Dios de ellos. Y dijo Dios a Abraham: y tú guardarás mi pacto, y tu descendencia después de ti por sus generaciones. Este es el pacto que habéis de guardar entre yo y vosotros, y entre tu descendencia después de ti por sus generaciones; se circuncidará cualquier varón que hubiere entre vosotros, y os circuncidaréis en la carne de vuestro prepucio, y servirá en señal de pacto que hay entre yo y vosotros. Todo infante que tuviere en vuestras generaciones ocho días, circuncidase, ya sea nacido en casa o esclavo comprado de cualquier extraño, aunque no sea de tu sangre, se circuncidará, y estará la señal de mi pacto en vuestra carne en convención perpetua. Y el infante que no estuviere circuncidado en la carne de su prepucio al octavo día será excluido de su pueblo, porque no guardó mi pacto. Y dijo Dios a Abraham: Sarai, tu mujer, no se ha de llamar de aquí adelante Sarai, sino Sara. Yo le daré mi bendición, y tendrás de ella un hijo y será cabeza de muchas naciones, y descenderán de él reyes, caudillos y jefes de naciones. Postróse Abraham con el rostro en tierra, riose, y dijo en su corazón:¡que siendo yo de cien años he de tener un hijo, y siendo Sara de noventa ha de dar a luz! Y dijo Abraham a Dios: viva, Señor, este Ismael, de manera que sea agradable en tu acatamiento; y dijo Dios a Abraham: bien está, ved aquí que Sara, tu mujer, te dará un hijo y le llamarás Isaac; yo confirmaré mi pacto con él; será pacto eterno, seré su Dios, y de su descendencia después de él: y por lo tocante a Ismael, he oído tu petición, he aquí que yo le he echado mi bendición y le he de multiplicar grandemente; engendrará y producirá doce naciones, y le haré cabeza de una gran nación; pero mi pacto le he de confirmar con Isaac, que es el que ha de nacer de Sara dentro de un año.”

Aquí están más claras las promesas de la vocación de los gentiles en Isaac, esto es, en el hijo de promisión en que se nos significa la gracia y no la naturaleza; porque promete Dios un hijo de un anciano y de una vieja estéril; pues aunque el curso natural de la generación sea también obra de Dios, estando la naturaleza viciada e inerte, allí con más claridad se hecha de ver la gracia.

Y porque esto había de venir a ser, no por generación, sino por regeneración, por eso lo manda Dios, e impone la circuncisión, cuando le promete el hijo de Sara.
Y el mandar que todos se circunciden, no sólo los hijos, sino también los esclavos nacidos en casa y comprados, manifiesta que a todos se extiende esta gracia; porque ¿qué otra cosa significa la circuncisión que una renovación de la naturaleza ya desechada con la senectud? Y el octavo día, ¿qué otra cosa nos significa que a Cristo, quien al fin de la semana, esto es, después del sábado, resucitó? Múdense también los nombres de los padres, todo suena novedad, y en el Viejo Testamento se entiende que está figurado en el Nuevo; porque ¿qué es el Testamento Viejo sino una cubierta y sombra misteriosa del Nuevo? Y, ¿qué otra cosa es el que se dice Nuevo sino una manifestación y descubrimiento del Viejo?
La risa de Abraham es una alegría del que se muestra agradecido, y no irrisión o burla de quien se manifiesta desconfiado.
Asimismo las palabras que dijo en su corazón: ¡que de cien años he de tener hijo, y que de noventa ha de dar a luz Sara! No son de quien duda, sino de quien se admira. Y si alguno dudase de lo que dice: “y te daré a ti y a tus descendientes esta tierra en que vives ahora”, es a saber, toda la tierra de Canaam en posesión perpetua, como se entiende que se cumplió, o se espera que se cumplirá puesto que ninguna posesión terrena puede ser eterna, entienda y sepa que perpetuo o eterno interpretan los nuestros lo que los griegos llaman aionión, que se deriva de siglo.
Porque aión en griego quiere decir siglo. Los latinos no se ha atrevido a llamar a esto secular, por no darle otro sentido completamente distinto; porque muchas cosas se llaman seculares que se hacen en este siglo, y pasan en bien breve tiempo; pero lo que llaman aionión, o no tiene fin, o llega hasta el fin de este siglo.

Agustín “La ciudad de Dios”