
EL VALLE DE LOS HUESOS SECOS
Ezq. 37:1-14
Comencemos este maravilloso capítulo con las primeras palabras del primer verso, y descendamos a este valle y su experiencia paso por paso con el profeta Ezequiel.
“La mano del Señor vino sobre mi”.
¡Que maravilloso es para una persona saber que la mano del Señor esta sobre ella! En las afueras de la Florida, cuando nosotros predicábamos a gente de color, ellos cantaban este verso:
“Niños, conozcan al Señor
niños, conozcan al Señor
Ah, conozcan al Señor
Él ha puesto su mano sobre mi”
Y esta tarde estoy conciente que la mano del Señor descansa sobre mi, "y me llevó en el Espíritu del Señor".
Esto no significa que esa fuera la primera vez que la mano del Señor estaba sobre Ezequiel. ¿No había estado él en las cumbres de la máxima rebelión?
¿No había visto los cuatro seres vivientes, el querubín y el Arca?
¿No había contemplado la gloria del Señor?
¿Y los poderosos movimientos de su Poder?
Ezq.1-28 y 10:4
Sin duda, cuando la mano del Señor vino sobre él y lo llevó en el Espíritu, Ezequiel, anheló ser levantado de nuevo a un eterno peso de gloria.
El Señor fue moviéndole; ¿Te has preguntado acerca de lo que sintió Ezequiel cuando abrió sus ojos y descubrió que la mano del Señor lo puso en medio de un valle?
Ser puesto de repente en un valle, después de la experiencia de estar en una cumbre muy alta, es suficientemente malo, pero aquello fue mucho peor; este valle estaba lleno de huesos.
Pienso que quizás algunos de nosotros conocemos un título mesurado como para apreciar y entender la experiencia de lo que estuvo sintiendo Ezequiel.
Nosotros, también, hemos tenido al Espíritu del Señor sobre nosotros colocándonos en una asamblea, hogar, vecindario o ciudad, en donde hemos abierto nuestros ojos para descubrir, que hemos sido colocados justo en medio de un valle el cual esta literalmente lleno de huesos.
“Y me hizo pasar en derredor de ellos, y he aquí, eran muchísimos sobre la superficie del valle; y he aquí, estaban muy secos”.
Observa, allí habían “muchísimos”. ¡Oh, piedad! Si hubieran pocos huesos no sería tan terrible, pero el gran número de estos huesos secos es desconcertante.
Hay bastantes cristianos preciosos en muchas iglesias, en varias partes, que están abajo en el valle, sin alimento espiritual que alimenten sus cuerpos, huesos-huesos-huesos.
Tu no necesitas un asador o una pica para encontrar el tipo de huesos de los que estoy hablando. Ellos están expuestos en el valle. Porque, no me sorprendería si tu dieras una vuelta y encontrarás algunos de ellos sentados al lado tuyo en este momento.
Tan secos ellos no pueden decir “Amén” o “Aleluya” tan secos ellos que no han dicho “Alaba al Señor” desde que entraron en el edificio- tan secos ellos que tampoco pueden gritar o batir sus manos ellos mismos, y les gustaría detener a los que se regocijan si pudieran. Tan secos que no hay victoria real en sus vidas para dar testimonio.
Secos! Secos! Secos! Tu puedes casi escuchar el traqueo de sus huesos cuando ellos hablan o se mueven.
“Y me dijo, hijo de hombre ¿pueden vivir estos huesos?”
Que desconcertante pregunta con la cual el señor confrontó a Ezequiel - una pregunta la cual detendría su murmuración sobre la condición de los huesos y traería una ilimitada esperanza y fe en lo resucitado, vida dando el poder del Señor.
¿Has estado situado en un valle que está lleno de huesos secos? ¿Esta tu ministerio seco? ¿tu congregación, etc? Entonces, Dios está confrontándote hoy con la misma pregunta que hizo a Ezequiel.
“Hijo de hombre, tienes la fe que puede causar que estos huesos secos vivan?” Una cosa es encontrar la falla y la mentar la condición deplorable de muerte y esterilidad; y otra cosa es tener la oración y fe y confianza en Dios el cual puede traer vida y fortaleza y mejorar las condiciones alrededor tuyo.
Si tu has descubierto que estas en medio de un valle de huesos secos, para de lamentarte y quejarte porque tu estas allí, en lugar de estar en otro ambiente. Gracias a Dios que tú estas vivo y que Dios esta vivo, y que como tú crees y oras vida, desterrarás la muerte en aquellos alrededores tuyos hoy como seguramente ocurrió en el día de Ezequiel.
Tú “ser” colocado en lo duro, seco, lugar difícil, no fue un accidente, no fue un descuido o un error de parte de Dios. Así como la mano del Señor puso a Ezequiel en aquel valle de sequedad y muerte, también seguramente la mano del padre amante te ha puesto en aquel valle o posición, hogar o lugar.
“Todas las cosas cooperan para bien a aquellos que Dios aman, a quienes son llamados conforme a su propósito”.
Y ahora, habiéndote colocado allí, Él te ha confrontado con la misma pregunta con la cual confrontó a Ezequiel:”tienes fe para creer y para postrarse ante Mi, el dador de la vida, y clamar que vivan estos huesos secos?”
“Y Ezequiel, respondió, oh, Señor, tú lo sabes”.
Aquí de nuevo muchos pueden simpatizar con el sentimiento de Ezequiel, yo temo que muchos niños del Señor algunas veces han respondido al desafío de fe, de la misma manera: ¡“Oh, señor Dios, tu sabes”! Ellos aparecen secos como mucha gente. Ahí no parece estar una chispa de vida o aun esperarla. Difícilmente parece posible que esta iglesia o estas personas pudieran traer una vida espiritual real. Pero, Oh Jesús, aumenta mi fe. Ayuda mi incredulidad, para verlos a ellos vivir, Oh Señor.
“Entonces me dijo, profetiza sobre estos huesos y di a ellos: Oh, huesos secos, oigan la palabra del Señor Dios. Así dice el Señor a estos huesos: He aquí, haré entrar en vosotros espíritu y viviréis.”
Pobre Profesor, seco y sin vida, hay esperanza aun para ti. Tu que no crees en ruidos y gritos, tu quien no crees en la oración devocional y la alabanza al Cordero. Él soplará espíritu en ti y conocerás aquel Salmo 150 que dice: “todo lo que respire alabe al Señor” y tu vivirás.
“Entonces profeticé como me fue mandado”
Ah! Esto fue el secreto del poder y éxito de la profecía de Ezequiel en el valle. Ves esto?
“como me fue mandado”, no con palabras de sabiduría humana, las cuales parecen sabias y plausibles al hombre- no palabras- para agradar su audiencia en una falsa seguridad, tampoco justicia propia de condenación que merecidamente muestra su condición y sequedad; sino una profecía que fue acorde a lo ordenado por Dios.
Aleluya! “La entrada de su palabra dio luz” y vida y libertad. Oh, que vengan más Ezequieles hoy quienes profeticen conforme a lo ordenado por Dios en vez de traer divisiones y contiendas- Entonces veremos más sacudidos en el valle de huesos secos, y el viento del Espíritu soplaría trayendo vida a aquellos que duermen.
“Y como profeticé hubo un ruido”
Dios otorgó aquello mientras Ezequiel profetizaba, allí hubo un ruido, y como mientras Pedro aún hablaba el Espíritu Santo cayó (Hec.10), el poder puede caer sobre ti en este momento. Oh, que nuestras palabras puedan estar acordes con las ordenanzas de Dios. Mientas nosotros aun hablamos también escuchemos un ruido de hombre y mujer clamando: “¿Qué haré para heredar la vida eterna y recibir el Espíritu Santo?” el ruido de alabanza e intercepción, el sonido de una abundancia de lluvia, el sonido de las ruedas de los carros de Dios sobre las montañas, y el fuego ardiendo en las zarzas.
“Y mientas yo profetizaba hubo un ruido, y luego un estremecimiento, y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso”.
Note que mientas Ezequiel, profetizaba hubo tres cosas que tomaron lugar en el valle de huesos secos – primero el ruido, segundo el estremecimiento, y tercero los huesos se juntaron.
Cuando la lluvia tardía llegó para caer sobre los espectadores en 1907, el Espíritu se movió poderosamente en respuesta a oraciones en el mundo entero, levantando un ruido, trayendo vida a innumerables valles de huesos secos-allí hubo un ruido.
Los pecadores lamentaron su camino y clamaron a Jesús: “Que debo hacer para ser salvo?” Los creyentes fueron llenos con el Espíritu, gritaron, y hablaron por varias horas en otras lenguas (Hech.2:4), según el Espíritu les dio palabras el ruido de alabanzas de júbilo llenó el cielo.
La visión la cual toman los creyentes acerca del cuerpo y acerca del plan de Dios, para restaurar la Iglesia a la llenura de la vida y poder pentecostal, los lleva a gritar fuerte ante la visión gloriosa, y bien, moderadamente decimos: “hay un ruido”.
Pero paren! Escuche! Lo que es esto – este notable sacudir como de un terremoto, el cual inmediatamente sigue- inevitablemente en cualquier lugar- después del primer ruido del derramamiento del Espíritu Santo, si tu abres tus ojos y miras a través de este movimiento en el mundo, entonces “veras muchos sacudires”. ¿has sido tu personalmente tomado por varios sacudires? ¿Está tu corazón adolorido? ¿Y también te has preguntado un continuo por qué? ¿Por qué? ¿Y por qué razón? Cuando has visto hermanos, que fueron amigos en la batalla, separados y distantes, asambleas divididas en dos, o media docena de divisiones como puede ser. ¿te has preguntado por qué ha ocurrido eso? Te diré por qué. Eso fue porque hubo un sacudir seguido después de un ruido. Esto esta ocurriendo en la vida de cada congregación. Esto está ocurriendo en la vida de cada creyente. Un poderoso sacudir en este tiempo.
Como Dios sacudió al ejercito de Gedeón hasta que quedaron trescientos hombres (Jueces7), así el Espíritu Santo, está hoy levantando, purgando y sacudiendo, “su voz hizo temblar la tierra, pero ahora Él ha prometido, diciendo: aun una vez más, yo haré temblar no sólo la tierra, sino también el cielo. Y esta expresión aun, una vez más indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles. Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia” (Heb.12:26-28).
Cuando vemos sacudires, las divisiones entre aquellos a quienes nosotros sabemos que deberían estar juntos en amor, eso rasga el corazón, pero cuando comenzamos a ver el plan de Dios, como es revelado en su palabra, entramos en un lugar de descanso, y cuando leemos la próxima clausula:
“Y los huesos se juntaron, cada hueso con su hueso”, levantamos nuestras manos y gritamos de gozo.
Llegar a estar juntos después del sacudir, uno de estos días, queridos corazones, y aquellos que vienen juntos serán unidos por tal cordón de unidad y amor que nada pueda separarlos otra vez, y además, cuando el cuerpo junto, llegara a ser “hueso para su hueso”.
Esto no es un remiendo, tampoco paz humana, ni admitía temporal, sino una unidad muy fuerte.
“Hueso con su hueso” cuando el hombre con su propia sabiduría trata de cuadrar el cuerpo escogiendo y ordenando, pastores, maestros, evangelistas, profetas, diáconos, líderes, entre otros, es seguro que tomará huesos equivocados o pondrá los huesos correctos en lugares equivocados. Estos es el por qué de muchos hombres con organizaciones que tienen el oído donde el ojo debe estar, o el pie donde la mano de estar.
¿No te agrada que Dios organice su propia Iglesia en el orden y que Él ponga en la Iglesia primero apóstoles, segundo profetas, tercero maestros, etc (1Co.12:28), y que cuando Él ha sacudido todo pueda ser sacudido y agitado alrededor por cada viento que sople, y haya juntado la verdad con lo firme e inalterable?
Él mismo pondrá a cada uno en sus lugares en el cuerpo, hueso a su hueso. “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros que son de un cuerpo, también en el cuerpo de Cristo, por un mismo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”... Y “y Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo como le ha placido”.
No veremos al cuerpo en unidad sin antes llegar al Señor. Esto agrada a Dios, que no sea una organización, pero sí un organismo.
Estamos expectantes, sin embargo, una unidad entre los diferentes miembros del cuerpo (tal como nunca lo hayamos tenido antes) pera desarrollarnos aquí en este viejo mundo.
Un miembro del cuerpo es hecho de muchas articulaciones, las cuales esta en acorde y trabajan armoniosamente, cada una en conexión con la otra, unidas juntas por las cuerdas de amor. Los miembros del cuerpo (esto es las asambleas o comunidades) son movidas y controladas no por su propia sabiduría o las ordenes de otro, sino por la cabeza, la cual es Cristo. Y como cada miembro, movido por la cabeza, obedece a su voluntad, estará en unidad y armonía y estarán juntos. Cada miembro es hecho de muchos pequeños miembros, en el brazo hay dedos, la mano, los huesos de la muñeca, del antebrazo y del hombro. Hoy es el día que los pequeños huesos y las coyunturas estén tomando su lugar y formando los miembros.
Cuando Jesús aparezca, los muchos miembros del cuerpo serán recogidos, y viene el gran final en el que los miembros juntos tomarán su lugar en el aire. Aleluya!!!
"Y miré y he aquí, había tendones sobre ellos, y creció la carne y la piel los cubrió, pero no había espíritu en ellos. Entonces me dijo: profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: “así dice el Señor Dios: ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.
Y profeticé como Él me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron y se pusieron en pie, un enorme e inmenso ejercito."
Oh, si hay aquí un alma quien fue como un esqueleto, ahora ha sido redimida y ha sido cubierta con tendones, carne y piel (El cubrimiento de gracia y salvación), y tu has sido atravesado por la poderosa palabra de su poder, lo que tu necesitas ahora es el bautismo del Espíritu Santo. El mismo Espíritu Santo que llenó la casa con el sonido como de un viento impetuoso, poderoso viento en el día de Pentecostés, vendrá sobre ti, le adorará con poder, y te unirá a este gran ejercito (Apoc.7:9).
Tu no necesitas permanecer en la tumba o el valle de huesos secos. El señor esta esperando para sacarte de tu tumba de frialdad y muerte, y llevarte a conocerlo a Él, en salvación, para llenarte con su Espíritu y guiarle a la tierra de Canaan. Lee Ezequiel 37 versos 12, 13 y 14.
“He aquí abriré vuestros sepulcros y os haré subir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel” (salvación). “Y sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestros sepulcros y os haga subir de vuestros sepulcros, pueblo mío.”
Aquí esta otra definitiva experiencia que tu conocerás acerca de esto. Ahí no dice que tu tomarás eso por fe, sino que conocerás lo que se te ha presentado. Entonces alaba al Señor.
Cuando Él te salvó, Él, te trajo a la tierra de Israel, y cuando te bautizó en el Espíritu Santo, y hablaste en otras lenguas, tu conociste eso y Él traerá en ti abundancia y victoria, la cual Él ha prometido a aquellos que le obedecen.
Y tú, querido hijo de Dios, no importa cuan muertos y secos puedan estar los huesos en tu particular valle, no te desanimes ni cuestiones la sabiduría divina que el señor ha puesto sobre ti, justo donde tu estas, responde al llamado de fe que el Señor esta enviándote y profetiza como su cruz y exalta a Jesús, Él alumbrará alrededor tuyo, trayendo sanidad y vida y llenando con su Espíritu hasta que el valle de huesos secos sea transformado, un triunfante ejercito resucitará y marchará junto al gran cuerpo de Cristo. Porque hay muchos miembros y un solo cuerpo (1Cor12:20).
Ezq. 37:1-14
Comencemos este maravilloso capítulo con las primeras palabras del primer verso, y descendamos a este valle y su experiencia paso por paso con el profeta Ezequiel.
“La mano del Señor vino sobre mi”.
¡Que maravilloso es para una persona saber que la mano del Señor esta sobre ella! En las afueras de la Florida, cuando nosotros predicábamos a gente de color, ellos cantaban este verso:
“Niños, conozcan al Señor
niños, conozcan al Señor
Ah, conozcan al Señor
Él ha puesto su mano sobre mi”
Y esta tarde estoy conciente que la mano del Señor descansa sobre mi, "y me llevó en el Espíritu del Señor".
Esto no significa que esa fuera la primera vez que la mano del Señor estaba sobre Ezequiel. ¿No había estado él en las cumbres de la máxima rebelión?
¿No había visto los cuatro seres vivientes, el querubín y el Arca?
¿No había contemplado la gloria del Señor?
¿Y los poderosos movimientos de su Poder?
Ezq.1-28 y 10:4
Sin duda, cuando la mano del Señor vino sobre él y lo llevó en el Espíritu, Ezequiel, anheló ser levantado de nuevo a un eterno peso de gloria.
El Señor fue moviéndole; ¿Te has preguntado acerca de lo que sintió Ezequiel cuando abrió sus ojos y descubrió que la mano del Señor lo puso en medio de un valle?
Ser puesto de repente en un valle, después de la experiencia de estar en una cumbre muy alta, es suficientemente malo, pero aquello fue mucho peor; este valle estaba lleno de huesos.
Pienso que quizás algunos de nosotros conocemos un título mesurado como para apreciar y entender la experiencia de lo que estuvo sintiendo Ezequiel.
Nosotros, también, hemos tenido al Espíritu del Señor sobre nosotros colocándonos en una asamblea, hogar, vecindario o ciudad, en donde hemos abierto nuestros ojos para descubrir, que hemos sido colocados justo en medio de un valle el cual esta literalmente lleno de huesos.
“Y me hizo pasar en derredor de ellos, y he aquí, eran muchísimos sobre la superficie del valle; y he aquí, estaban muy secos”.
Observa, allí habían “muchísimos”. ¡Oh, piedad! Si hubieran pocos huesos no sería tan terrible, pero el gran número de estos huesos secos es desconcertante.
Hay bastantes cristianos preciosos en muchas iglesias, en varias partes, que están abajo en el valle, sin alimento espiritual que alimenten sus cuerpos, huesos-huesos-huesos.
Tu no necesitas un asador o una pica para encontrar el tipo de huesos de los que estoy hablando. Ellos están expuestos en el valle. Porque, no me sorprendería si tu dieras una vuelta y encontrarás algunos de ellos sentados al lado tuyo en este momento.
Tan secos ellos no pueden decir “Amén” o “Aleluya” tan secos ellos que no han dicho “Alaba al Señor” desde que entraron en el edificio- tan secos ellos que tampoco pueden gritar o batir sus manos ellos mismos, y les gustaría detener a los que se regocijan si pudieran. Tan secos que no hay victoria real en sus vidas para dar testimonio.
Secos! Secos! Secos! Tu puedes casi escuchar el traqueo de sus huesos cuando ellos hablan o se mueven.
“Y me dijo, hijo de hombre ¿pueden vivir estos huesos?”
Que desconcertante pregunta con la cual el señor confrontó a Ezequiel - una pregunta la cual detendría su murmuración sobre la condición de los huesos y traería una ilimitada esperanza y fe en lo resucitado, vida dando el poder del Señor.
¿Has estado situado en un valle que está lleno de huesos secos? ¿Esta tu ministerio seco? ¿tu congregación, etc? Entonces, Dios está confrontándote hoy con la misma pregunta que hizo a Ezequiel.
“Hijo de hombre, tienes la fe que puede causar que estos huesos secos vivan?” Una cosa es encontrar la falla y la mentar la condición deplorable de muerte y esterilidad; y otra cosa es tener la oración y fe y confianza en Dios el cual puede traer vida y fortaleza y mejorar las condiciones alrededor tuyo.
Si tu has descubierto que estas en medio de un valle de huesos secos, para de lamentarte y quejarte porque tu estas allí, en lugar de estar en otro ambiente. Gracias a Dios que tú estas vivo y que Dios esta vivo, y que como tú crees y oras vida, desterrarás la muerte en aquellos alrededores tuyos hoy como seguramente ocurrió en el día de Ezequiel.
Tú “ser” colocado en lo duro, seco, lugar difícil, no fue un accidente, no fue un descuido o un error de parte de Dios. Así como la mano del Señor puso a Ezequiel en aquel valle de sequedad y muerte, también seguramente la mano del padre amante te ha puesto en aquel valle o posición, hogar o lugar.
“Todas las cosas cooperan para bien a aquellos que Dios aman, a quienes son llamados conforme a su propósito”.
Y ahora, habiéndote colocado allí, Él te ha confrontado con la misma pregunta con la cual confrontó a Ezequiel:”tienes fe para creer y para postrarse ante Mi, el dador de la vida, y clamar que vivan estos huesos secos?”
“Y Ezequiel, respondió, oh, Señor, tú lo sabes”.
Aquí de nuevo muchos pueden simpatizar con el sentimiento de Ezequiel, yo temo que muchos niños del Señor algunas veces han respondido al desafío de fe, de la misma manera: ¡“Oh, señor Dios, tu sabes”! Ellos aparecen secos como mucha gente. Ahí no parece estar una chispa de vida o aun esperarla. Difícilmente parece posible que esta iglesia o estas personas pudieran traer una vida espiritual real. Pero, Oh Jesús, aumenta mi fe. Ayuda mi incredulidad, para verlos a ellos vivir, Oh Señor.
“Entonces me dijo, profetiza sobre estos huesos y di a ellos: Oh, huesos secos, oigan la palabra del Señor Dios. Así dice el Señor a estos huesos: He aquí, haré entrar en vosotros espíritu y viviréis.”
Pobre Profesor, seco y sin vida, hay esperanza aun para ti. Tu que no crees en ruidos y gritos, tu quien no crees en la oración devocional y la alabanza al Cordero. Él soplará espíritu en ti y conocerás aquel Salmo 150 que dice: “todo lo que respire alabe al Señor” y tu vivirás.
“Entonces profeticé como me fue mandado”
Ah! Esto fue el secreto del poder y éxito de la profecía de Ezequiel en el valle. Ves esto?
“como me fue mandado”, no con palabras de sabiduría humana, las cuales parecen sabias y plausibles al hombre- no palabras- para agradar su audiencia en una falsa seguridad, tampoco justicia propia de condenación que merecidamente muestra su condición y sequedad; sino una profecía que fue acorde a lo ordenado por Dios.
Aleluya! “La entrada de su palabra dio luz” y vida y libertad. Oh, que vengan más Ezequieles hoy quienes profeticen conforme a lo ordenado por Dios en vez de traer divisiones y contiendas- Entonces veremos más sacudidos en el valle de huesos secos, y el viento del Espíritu soplaría trayendo vida a aquellos que duermen.
“Y como profeticé hubo un ruido”
Dios otorgó aquello mientras Ezequiel profetizaba, allí hubo un ruido, y como mientras Pedro aún hablaba el Espíritu Santo cayó (Hec.10), el poder puede caer sobre ti en este momento. Oh, que nuestras palabras puedan estar acordes con las ordenanzas de Dios. Mientas nosotros aun hablamos también escuchemos un ruido de hombre y mujer clamando: “¿Qué haré para heredar la vida eterna y recibir el Espíritu Santo?” el ruido de alabanza e intercepción, el sonido de una abundancia de lluvia, el sonido de las ruedas de los carros de Dios sobre las montañas, y el fuego ardiendo en las zarzas.
“Y mientas yo profetizaba hubo un ruido, y luego un estremecimiento, y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso”.
Note que mientas Ezequiel, profetizaba hubo tres cosas que tomaron lugar en el valle de huesos secos – primero el ruido, segundo el estremecimiento, y tercero los huesos se juntaron.
Cuando la lluvia tardía llegó para caer sobre los espectadores en 1907, el Espíritu se movió poderosamente en respuesta a oraciones en el mundo entero, levantando un ruido, trayendo vida a innumerables valles de huesos secos-allí hubo un ruido.
Los pecadores lamentaron su camino y clamaron a Jesús: “Que debo hacer para ser salvo?” Los creyentes fueron llenos con el Espíritu, gritaron, y hablaron por varias horas en otras lenguas (Hech.2:4), según el Espíritu les dio palabras el ruido de alabanzas de júbilo llenó el cielo.
La visión la cual toman los creyentes acerca del cuerpo y acerca del plan de Dios, para restaurar la Iglesia a la llenura de la vida y poder pentecostal, los lleva a gritar fuerte ante la visión gloriosa, y bien, moderadamente decimos: “hay un ruido”.
Pero paren! Escuche! Lo que es esto – este notable sacudir como de un terremoto, el cual inmediatamente sigue- inevitablemente en cualquier lugar- después del primer ruido del derramamiento del Espíritu Santo, si tu abres tus ojos y miras a través de este movimiento en el mundo, entonces “veras muchos sacudires”. ¿has sido tu personalmente tomado por varios sacudires? ¿Está tu corazón adolorido? ¿Y también te has preguntado un continuo por qué? ¿Por qué? ¿Y por qué razón? Cuando has visto hermanos, que fueron amigos en la batalla, separados y distantes, asambleas divididas en dos, o media docena de divisiones como puede ser. ¿te has preguntado por qué ha ocurrido eso? Te diré por qué. Eso fue porque hubo un sacudir seguido después de un ruido. Esto esta ocurriendo en la vida de cada congregación. Esto está ocurriendo en la vida de cada creyente. Un poderoso sacudir en este tiempo.
Como Dios sacudió al ejercito de Gedeón hasta que quedaron trescientos hombres (Jueces7), así el Espíritu Santo, está hoy levantando, purgando y sacudiendo, “su voz hizo temblar la tierra, pero ahora Él ha prometido, diciendo: aun una vez más, yo haré temblar no sólo la tierra, sino también el cielo. Y esta expresión aun, una vez más indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles. Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia” (Heb.12:26-28).
Cuando vemos sacudires, las divisiones entre aquellos a quienes nosotros sabemos que deberían estar juntos en amor, eso rasga el corazón, pero cuando comenzamos a ver el plan de Dios, como es revelado en su palabra, entramos en un lugar de descanso, y cuando leemos la próxima clausula:
“Y los huesos se juntaron, cada hueso con su hueso”, levantamos nuestras manos y gritamos de gozo.
Llegar a estar juntos después del sacudir, uno de estos días, queridos corazones, y aquellos que vienen juntos serán unidos por tal cordón de unidad y amor que nada pueda separarlos otra vez, y además, cuando el cuerpo junto, llegara a ser “hueso para su hueso”.
Esto no es un remiendo, tampoco paz humana, ni admitía temporal, sino una unidad muy fuerte.
“Hueso con su hueso” cuando el hombre con su propia sabiduría trata de cuadrar el cuerpo escogiendo y ordenando, pastores, maestros, evangelistas, profetas, diáconos, líderes, entre otros, es seguro que tomará huesos equivocados o pondrá los huesos correctos en lugares equivocados. Estos es el por qué de muchos hombres con organizaciones que tienen el oído donde el ojo debe estar, o el pie donde la mano de estar.
¿No te agrada que Dios organice su propia Iglesia en el orden y que Él ponga en la Iglesia primero apóstoles, segundo profetas, tercero maestros, etc (1Co.12:28), y que cuando Él ha sacudido todo pueda ser sacudido y agitado alrededor por cada viento que sople, y haya juntado la verdad con lo firme e inalterable?
Él mismo pondrá a cada uno en sus lugares en el cuerpo, hueso a su hueso. “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros que son de un cuerpo, también en el cuerpo de Cristo, por un mismo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”... Y “y Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo como le ha placido”.
No veremos al cuerpo en unidad sin antes llegar al Señor. Esto agrada a Dios, que no sea una organización, pero sí un organismo.
Estamos expectantes, sin embargo, una unidad entre los diferentes miembros del cuerpo (tal como nunca lo hayamos tenido antes) pera desarrollarnos aquí en este viejo mundo.
Un miembro del cuerpo es hecho de muchas articulaciones, las cuales esta en acorde y trabajan armoniosamente, cada una en conexión con la otra, unidas juntas por las cuerdas de amor. Los miembros del cuerpo (esto es las asambleas o comunidades) son movidas y controladas no por su propia sabiduría o las ordenes de otro, sino por la cabeza, la cual es Cristo. Y como cada miembro, movido por la cabeza, obedece a su voluntad, estará en unidad y armonía y estarán juntos. Cada miembro es hecho de muchos pequeños miembros, en el brazo hay dedos, la mano, los huesos de la muñeca, del antebrazo y del hombro. Hoy es el día que los pequeños huesos y las coyunturas estén tomando su lugar y formando los miembros.
Cuando Jesús aparezca, los muchos miembros del cuerpo serán recogidos, y viene el gran final en el que los miembros juntos tomarán su lugar en el aire. Aleluya!!!
"Y miré y he aquí, había tendones sobre ellos, y creció la carne y la piel los cubrió, pero no había espíritu en ellos. Entonces me dijo: profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: “así dice el Señor Dios: ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.
Y profeticé como Él me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron y se pusieron en pie, un enorme e inmenso ejercito."
Oh, si hay aquí un alma quien fue como un esqueleto, ahora ha sido redimida y ha sido cubierta con tendones, carne y piel (El cubrimiento de gracia y salvación), y tu has sido atravesado por la poderosa palabra de su poder, lo que tu necesitas ahora es el bautismo del Espíritu Santo. El mismo Espíritu Santo que llenó la casa con el sonido como de un viento impetuoso, poderoso viento en el día de Pentecostés, vendrá sobre ti, le adorará con poder, y te unirá a este gran ejercito (Apoc.7:9).
Tu no necesitas permanecer en la tumba o el valle de huesos secos. El señor esta esperando para sacarte de tu tumba de frialdad y muerte, y llevarte a conocerlo a Él, en salvación, para llenarte con su Espíritu y guiarle a la tierra de Canaan. Lee Ezequiel 37 versos 12, 13 y 14.
“He aquí abriré vuestros sepulcros y os haré subir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel” (salvación). “Y sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestros sepulcros y os haga subir de vuestros sepulcros, pueblo mío.”
Aquí esta otra definitiva experiencia que tu conocerás acerca de esto. Ahí no dice que tu tomarás eso por fe, sino que conocerás lo que se te ha presentado. Entonces alaba al Señor.
Cuando Él te salvó, Él, te trajo a la tierra de Israel, y cuando te bautizó en el Espíritu Santo, y hablaste en otras lenguas, tu conociste eso y Él traerá en ti abundancia y victoria, la cual Él ha prometido a aquellos que le obedecen.
Y tú, querido hijo de Dios, no importa cuan muertos y secos puedan estar los huesos en tu particular valle, no te desanimes ni cuestiones la sabiduría divina que el señor ha puesto sobre ti, justo donde tu estas, responde al llamado de fe que el Señor esta enviándote y profetiza como su cruz y exalta a Jesús, Él alumbrará alrededor tuyo, trayendo sanidad y vida y llenando con su Espíritu hasta que el valle de huesos secos sea transformado, un triunfante ejercito resucitará y marchará junto al gran cuerpo de Cristo. Porque hay muchos miembros y un solo cuerpo (1Cor12:20).
Exégesis de Aimee Semple.

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