lunes 29 de diciembre de 2008



ADORACIÓN EN LA NAVIDAD
Mt.2:1-12


Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén diciendo” (Vr.1).

No sabemos con certeza quienes eran estos “magos del oriente”, más sabemos que eran “gentiles”, es decir: “no judíos”. ¿Quién les avisó acerca del nacimiento de Cristo? Al parecer, no hubo persona de esta tierra que les avisara, más es claro que Dios mismo, los condujo hasta Él. Es el Espíritu Santo el que conduce a las personas a Cristo (Jn.16:14). Sabemos que ellos fueron guiados por una estrella; sus palabras al llegar a Jerusalén fueron:
dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a “adorarle” (vr.2).

Estos hombres que sin ser de Israel, buscaron a Cristo, sin duda representan a millones de personas, que luego vendrían a conocer a Cristo Jesús.
Ellos fueron un anticipo del “pueblo gentil”, pues de manera sobrenatural Dios los condujo hasta Él, siendo ellos de una raza diferente. Juan, discípulo amado, en la isla de Patmos dice: “Después de éstos miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos” (Ap.7:9).
En otras palabras, gente de muchas naciones que no conocían ha Dios, han sido atraídos hasta Él, por sola gracia y misericordia.
Hemos visto su estrella en el oriente” estando Israel en el desierto, el profeta Balaam profetizó de Cristo. "Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Jacob, y un cetro se levantará de Israel...” (Nm.24:17).
Cristo es la estrella resplandeciente de mañana y la descendencia de Israel para el mundo (Ap.22:16), y fue Cristo mismo quien atrajo a estos “magos orientales” hasta Él. Y así como Dios guió a Israel en el desierto, de día con una columna de nube y de noche con una columna de fuego, también guió a estos hombres a través de su estrella. Dios mismo, iba delante de ellos, mostrándoles el camino. Nosotros también, de manera sobrenatural hemos llegado a conocerle y adorarle; hemos sido conducidos a Él, por el Espíritu Santo, el cual redarguye de pecado, justicia y juicio (Jn.16:8).

Pero también encontramos otra cara en este relato: “Herodes”, representa aquel que no quiere que Cristo reine; aquel que quiere reinar en lugar de Cristo, y que hará todo lo posible para impedir el reinado de Cristo; todos sabemos que éste hombre ordenó la matanza de los niños recién nacidos al saber del nacimiento de Jesús (Mt.2:16-18). Más Herodes, es aquel que finge querer adorar a Cristo, teniendo en su corazón una intención oscura. Sus palabras a los “magos orientales” fueron: “Id y buscad con diligencia al Niño; y cuando le encontréis, avisadme para que yo también vaya y le adore”. Muchos también pretenden querer adorar a Cristo, más el Señor no recibe todo tipo de adoración, sino la de los Verdaderos Adoradores (Jn.4:24). Es tremendo saber que estos “magos orientales”, en su búsqueda también se toparon (encontraron) con Herodes; también hoy en la adoración a Cristo hay quienes lo hacen de Verdad y quienes fingen adorarlo. (Pero) Será Cristo mismo, el de los tiempos quien separará el trigo de la cizaña (Mt.13:30).

Más, los magos orientales no sólo fueron guiados por la estrella, sino que también fueron guiados por las escrituras. Los sacerdotes y escribas reunidos por Herodes, les dijeron que el Cristo, había nacido en Belén porque así fue escrito por el profeta:
Y tu Belén, tierra de Judea, de ningún modo eres la más pequeña entre los príncipes de Judea; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi pueblo Israel” (Vr.5-6).
Podemos ver que además, de la guianza del Espíritu Santo, también necesitamos la guianza de la Sagrada Escritura, más ambas cosas son necesarias, ya que la escritura sin la guianza del Espíritu, no puede ser entendida. Más, a los que son guiados por el Espíritu, el mismo Espíritu los lleva hoy a las Escrituras para guiarles y llevarles a Cristo: “y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en prestar atención como un lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones” (2 P.1:19).
Y vemos que de entre los que indagaron las Escrituras proféticas, sólo los “magos orientales”, salieron en búsqueda de Cristo. De hecho, el texto nos muestra que tan pronto los magos orientales salieron de hablar con Herodes y los escribas, “la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño” (vr.9). De igual manera, Dios sigue guiando a todos los que indagan las Escrituras con corazón sincero, hasta Él.
Y esta guianza, que el Espíritu de Dios nos da hasta Cristo, es con el único propósito de conocerlo y adorarlo:
cuando vieron la estrella, se regocijaron sobre manera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron” (Vr.10-11ª).

Así como Dios sacó a Israel de Egipto, para que le sirviera en el desierto (Ex.7:16), también sigue atrayendo personas para que lo adoren a Él, ya que la adoración implica “servicio”.
Adoración es “postrarse”, más cuando alguien se postra ante Dios, el mensaje es “rindo mi voluntad a ti”.
Debió haber sido un momento precioso, cuando estos hombres traídos desde tan lejos, entraron en la casa donde estaba Jesús. Su viaje dio fruto, pues fueron guiados por el Espíritu Santo, quien guía a toda verdad (Jn.16:13).

Y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra”(Vr.11b).
Esto fue profetizado en el Salmo que dice: ”Los reyes de Tarsis y de las islas traigan presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrezcan tributo; y póstrense ante Él todos los reyes de la tierra; sírvanle todas las naciones. Porque Él librará al necesitado cuando clame, también al afligido y al que no tiene quien le auxilie. Tendrá compasión del pobre y del necesitado, y la vida de los necesitados salvará. Rescatará su vida de la opresión y de la violencia, y su sangre será preciosa ante sus ojos. Que viva, pues, y se le dé el oro de Saba” (Sal.72:10-15). Amén.
Exegesis de Pedro Angel.