
El David de Dios
“Los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra, concentrándose a un lado del monte.
Por su parte también Saúl y los israelitas se alinearon al otro lado, ordenando sus filas para la batalla contra los filisteos, y había un valle de por medio. Un famoso guerrero oriundo de Gat salió del campamento filisteo, su nombre era Goliat el gigante; se detuvo frente a los israelitas y los desafió: ¡Elijan un hombre que pelee conmigo! Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y los israelitas se consternaron y tuvieron miedo” (1 Sam 17).
Me encuentro observando atentamente por el espejo de las páginas del Nuevo Testamento y una batalla se está librando ante mí, con soldados fuertes y ruidosos, mientas yo escribo.
Ejército contra ejército, y la batalla está alineada. Los prototipos viejos reflejan los nuevos, y veo la Iglesia de hoy.
En el monte del pecado, las huestes satánicas se paran, y el gigante Goliat es “el amor al mundo” que viene diariamente a hacerle muecas a la Iglesia y a reírse de ella, diciendo: “Yo he tomado sus jóvenes y sus viejos con mis danzas y placeres mundanos silenciosos, con mi espíritu de placer, entretenimiento, amor al dinero y pecado. Yo he vaciado sus altares hoy, soy más grande que Dios o sus ejércitos; yo conquisto y despedazo; estoy encima de su iglesia y hasta su moral y coraje sacudo. Y ahora yo desafío a sus ejércitos: ¡Tengan el valor de venir y luchar! Ustedes han perdido el Poder de antaño, la Gloria y la luz”.
Y así como el mundo está desafiando a la iglesia, cautivando la juventud y la fortaleza, yo observo las huestes del Israel quienes están en el monte de la verdad, pero el Poder de antaño se han perdido. Sus rodillas tiemblan juntas en desanimo, e paran desesperanzados y débiles mientras el mundo camina por las iglesias llevando cautivo a los jóvenes y buscando más.
Pero en el campo de Dios se está preparando un prototipo de David, con la llenura del Espíritu Santo, y siendo cada día victorioso sobre el oso y el león. Haciendo más creyentes y más fuertes a “esas pocas ovejas” para hacer las cosas pequeñas que lo traen al campo para hacer cosas grandes, para honrar sus nombre ante los reyes. El David de Dios; el Señor nos hace los Davids de Dios, cuando estamos en el dulce campo de la vida dando pan a los hermanos, y esperanza al caído. Sólo era un delgado muchacho, pero sobre montañas escaló; en su corazón llevaba las palabras del Padre, en sus manos el pan de vida; y preparado por las manos del amoroso Padre fue enviado a la guerra.
“Ve y llévales un mensaje de ánimo; dijo su padre: Mira como va la batalla, investiga si están obteniendo la victoria; lleva este alimento a mis hijos que están firmes combatiendo hoy donde la batalla es fuerte”. Entonces David, llega al campo de batalla para averiguar con sus hermanos mayores sobre la batalla que ellos estaban librando por el rey; para levantar su voz y hacer sonar la adoración de Dios. Pero “Que pena” los encontró deprimidos y con la cabeza abajo, ellos estaban entregando su territorio.
¿Chico, qué haces aquí? Le preguntaron ellos burlonamente. ¿Con quién dejaste tus pocas ovejas? Yo vine por orden de mi padre, el me envió para traerles comida, bebida y conocer las noticias de la batalla. Pero, ¿Dónde están los gritos de victoria? ¿Las danzas de alabanza? ¿Por qué lucen tan decepcionados? ¿Por qué están el ejército de Israel quieto? ¿Por qué no avanzan hace el enemigo?.
¡Ah, listo a acusar! Dijeron sus hermanos: “El puede acusarnos en su ignorancia, por nuestro temor a los filisteos. Él no sabe los días y noches soportando el miedo al desafío”.
Mira, muchacho, ¿ves las tiendas de los filisteos como nubes en la colina? Sus ejércitos son miles contra nosotros; ellos no tienen temor de Dios, ellos confían en su fuerza. Toman cautivos a nuestros jóvenes y un gigante de nombre Goliat, todos los días grita:
Ejército de Israel, yo desafío vuestro poder, dónde está fortaleza y donde
vuestro Dios. Dónde está el hombre con el cual yo podré luchar.
Yo he tomado tus jóvenes cautivos y despedazado sus voluntades con
las palmas de mis manos; lo he llenado a ustedes de terror, hasta
hacerlos temblar de miedo. Y si hay un hombre entre vosotros, que se
acerque.
“Mira David, escucha, ¡ahí está parado ahora! Ante el las rodillas del más fuerte tiemblan; su voz como león, su armadura de bronce sobresale a la de sus compañeros y puede aplastarlos como hierba; hace palidecer los rostros y a los corazones temer hasta gritar de angustia”.
¿Dónde está vuestro Dios? Y ¿Dónde su Poder? ¿Por qué Él no pelea por ustedes ahora? Oren si quieren, pero el Poder se ha ido; Oren si lo desean, pero su Dios está muerto. Y si vive, ¿Entonces dónde está Él ahora? Envíen un hombre que haga que me incline hace vuestro Dios.
Los soldados estaban avergonzados por los insultos a su Dios; allí estaba David de Belén, de la simiente de José con coraje y deseo de luchar: “Quién es ese filisteo incircunciso que desafía a los ejércitos de Dios? Contra Dios él es sólo un insecto. Mi Dios de Poder, a Quien ni el mismo cielo puede abarcar. Mi Dios puede partirlo en dos como un cerdo; una Palabra de Su boca puede liberar a su pueblo. ¿Por qué no han ido a matar a ese filisteo? ¿Por qué está en nuestro territorio? Oyendo el sonido de esa clara voz, la multitud se agrupo y tomando sus palabras las llevaron ante el rey Saúl. “¿Qué cree ese jovencito que puede ganar? Tráiganlo ante mi, yo estoy vestido de temblor y miedo. Oh, algunas veces Dios usa cosas débiles y al pequeño para confundir al sabio.
Dios usa a aquellos en los cuales el Espíritu Santo habita y habilita para obrar maravillas ante nuestros ojos.
Entonces ante el rey Saúl, se paro el pequeño pastor de ovejas, con el Poder de Dios y con una confianza profunda y fuerte. “Tu siervo irá y peleará con él, y lo clavará; basta a esa voz y muecas que menosprecia y desafía hoy a nuestro Dios”. ¡Pero niño! Tu no estas capacitado, eres joven ¿Qué te da esa confianza que disipa el miedo? “Mi confianza está en Dios, oh rey, y no en mi propia fuerza, porque yo he cuidado las ovejas de mi padre y he matado al león y al oso, he caminado delante de Dios y he ido al lugar secreto todos los días. Yo he probado a mi Dios en las cosas pequeñas, mi Dios nunca ha fallado y no fallará enviándome a defender a su pueblo”. Y Saúl dijo: “Entonces pequeño joven, ve en la fuerza de Dios, pero ponte nuestra armadura, nuestro casco, espada, ceremonias formales y reglas; entonces ve y pelea por el rey, equipado con nuestras herramientas hechas por el hombre”. Pero el David de Dios exclamó: “Sólo con mi vestido de pastor, mi vara y mi cartuchera, oh rey, permíteme ir con simplicidad. El Señor ha salvado sin espada y sin escudo; para la batalla sólo el Señor da la fortaleza. Oh hermano, ¡Si la armadura y las ceremonias fueran suficientes, hacía rato que hubiéramos conquistado y ganado en esta batalla! Entonces el joven pastor tomó cinco piedras muy especiales: Fe, esperanza, amor, adoración y oración. Y poniendo su piedra, la Palabra de Dios se dirigió cerca al filisteo y exclamó: “Tu vienes contra mi con espada, más yo vengo contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos; tu carne será despedazada y toda la congregación sabrá que Jehová no salva con espada y jabalina”. La batalla es ganada con mi Santo Espíritu; dice el Señor. Los ejércitos de Dios se levantarán y volverán a encontrar el Poder de antes. Ya no escucharás más ¿Dónde está tu Dios y su antiguo Poder? Porque un avivamiento inundará nuestros campos y el desafío morirá. Nuestro clamor será: ¡Dios está con nosotros y Su Poder está con nosotros hoy!.
Y se acercó el poderoso prototipo de conquista del mundo, orgullosamente desafiando a los ejércitos de Dios que permanecían con sus distintivos escudos, observando a David lleno del Espíritu Santo, bautizado con el Espíritu Santo, revestido con el Poder de la perfecta Voluntad de Dios; y entonces se encontraron en el valle de Elah, en un momento decisivo.
El hombre fuerte confiando en su fuerza y el muchacho en el Poder de Dios. De pronto inesperadamente, un cambio de dirección del viento y la pequeña honda del pastor, lanzó a través del aire la piedra como una flecha, segura como un pájaro en el viento hasta sumergirse profundamente en la frente del filisteo, y cayó de cabeza al piso. Entonces David, cortó allí su cabeza con la espada del mismo gigante.
Entonces con gran motivo de gozo los hijos de Israel clamaban a gran voz: ¡El Dios de nuestros padres continúa hoy vivo! Y con la confianza guiándolos como alas de fe, bajaron la colina con un nuevo valor en ellos. Y cuando los filisteos vieron a su campeón derrotado, se volvieron y huyeron. Cantos de danzas y júbilo, volvieron con los conquistadores, las mujeres cantaban con júbilo porque las huestes que los oprimían fueron derrotadas. Que triste sin embargo que Saúl no se arrepienta, y busque otra vez del rostro de Dios y su Poder, en vez de dejarse llevar por los celos, porque la Unión de Dios estaba en ese pequeño David y lanzarle a él jabalinas.
Así con nosotros, como hijos de Dios llenos del Espíritu Santo, debemos mostrarnos en nuestra vida diaria con tal sabiduría y rectitud que incluso esos “saules” que nos critiquen nos encuentre “salvos y sanos” tan profundamente en el amor y el Poder de Dios que no podrán encontrar ninguna falla en nosotros.
“Los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra, concentrándose a un lado del monte.
Por su parte también Saúl y los israelitas se alinearon al otro lado, ordenando sus filas para la batalla contra los filisteos, y había un valle de por medio. Un famoso guerrero oriundo de Gat salió del campamento filisteo, su nombre era Goliat el gigante; se detuvo frente a los israelitas y los desafió: ¡Elijan un hombre que pelee conmigo! Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y los israelitas se consternaron y tuvieron miedo” (1 Sam 17).
Me encuentro observando atentamente por el espejo de las páginas del Nuevo Testamento y una batalla se está librando ante mí, con soldados fuertes y ruidosos, mientas yo escribo.
Ejército contra ejército, y la batalla está alineada. Los prototipos viejos reflejan los nuevos, y veo la Iglesia de hoy.
En el monte del pecado, las huestes satánicas se paran, y el gigante Goliat es “el amor al mundo” que viene diariamente a hacerle muecas a la Iglesia y a reírse de ella, diciendo: “Yo he tomado sus jóvenes y sus viejos con mis danzas y placeres mundanos silenciosos, con mi espíritu de placer, entretenimiento, amor al dinero y pecado. Yo he vaciado sus altares hoy, soy más grande que Dios o sus ejércitos; yo conquisto y despedazo; estoy encima de su iglesia y hasta su moral y coraje sacudo. Y ahora yo desafío a sus ejércitos: ¡Tengan el valor de venir y luchar! Ustedes han perdido el Poder de antaño, la Gloria y la luz”.
Y así como el mundo está desafiando a la iglesia, cautivando la juventud y la fortaleza, yo observo las huestes del Israel quienes están en el monte de la verdad, pero el Poder de antaño se han perdido. Sus rodillas tiemblan juntas en desanimo, e paran desesperanzados y débiles mientras el mundo camina por las iglesias llevando cautivo a los jóvenes y buscando más.
Pero en el campo de Dios se está preparando un prototipo de David, con la llenura del Espíritu Santo, y siendo cada día victorioso sobre el oso y el león. Haciendo más creyentes y más fuertes a “esas pocas ovejas” para hacer las cosas pequeñas que lo traen al campo para hacer cosas grandes, para honrar sus nombre ante los reyes. El David de Dios; el Señor nos hace los Davids de Dios, cuando estamos en el dulce campo de la vida dando pan a los hermanos, y esperanza al caído. Sólo era un delgado muchacho, pero sobre montañas escaló; en su corazón llevaba las palabras del Padre, en sus manos el pan de vida; y preparado por las manos del amoroso Padre fue enviado a la guerra.
“Ve y llévales un mensaje de ánimo; dijo su padre: Mira como va la batalla, investiga si están obteniendo la victoria; lleva este alimento a mis hijos que están firmes combatiendo hoy donde la batalla es fuerte”. Entonces David, llega al campo de batalla para averiguar con sus hermanos mayores sobre la batalla que ellos estaban librando por el rey; para levantar su voz y hacer sonar la adoración de Dios. Pero “Que pena” los encontró deprimidos y con la cabeza abajo, ellos estaban entregando su territorio.
¿Chico, qué haces aquí? Le preguntaron ellos burlonamente. ¿Con quién dejaste tus pocas ovejas? Yo vine por orden de mi padre, el me envió para traerles comida, bebida y conocer las noticias de la batalla. Pero, ¿Dónde están los gritos de victoria? ¿Las danzas de alabanza? ¿Por qué lucen tan decepcionados? ¿Por qué están el ejército de Israel quieto? ¿Por qué no avanzan hace el enemigo?.
¡Ah, listo a acusar! Dijeron sus hermanos: “El puede acusarnos en su ignorancia, por nuestro temor a los filisteos. Él no sabe los días y noches soportando el miedo al desafío”.
Mira, muchacho, ¿ves las tiendas de los filisteos como nubes en la colina? Sus ejércitos son miles contra nosotros; ellos no tienen temor de Dios, ellos confían en su fuerza. Toman cautivos a nuestros jóvenes y un gigante de nombre Goliat, todos los días grita:
Ejército de Israel, yo desafío vuestro poder, dónde está fortaleza y donde
vuestro Dios. Dónde está el hombre con el cual yo podré luchar.
Yo he tomado tus jóvenes cautivos y despedazado sus voluntades con
las palmas de mis manos; lo he llenado a ustedes de terror, hasta
hacerlos temblar de miedo. Y si hay un hombre entre vosotros, que se
acerque.
“Mira David, escucha, ¡ahí está parado ahora! Ante el las rodillas del más fuerte tiemblan; su voz como león, su armadura de bronce sobresale a la de sus compañeros y puede aplastarlos como hierba; hace palidecer los rostros y a los corazones temer hasta gritar de angustia”.
¿Dónde está vuestro Dios? Y ¿Dónde su Poder? ¿Por qué Él no pelea por ustedes ahora? Oren si quieren, pero el Poder se ha ido; Oren si lo desean, pero su Dios está muerto. Y si vive, ¿Entonces dónde está Él ahora? Envíen un hombre que haga que me incline hace vuestro Dios.
Los soldados estaban avergonzados por los insultos a su Dios; allí estaba David de Belén, de la simiente de José con coraje y deseo de luchar: “Quién es ese filisteo incircunciso que desafía a los ejércitos de Dios? Contra Dios él es sólo un insecto. Mi Dios de Poder, a Quien ni el mismo cielo puede abarcar. Mi Dios puede partirlo en dos como un cerdo; una Palabra de Su boca puede liberar a su pueblo. ¿Por qué no han ido a matar a ese filisteo? ¿Por qué está en nuestro territorio? Oyendo el sonido de esa clara voz, la multitud se agrupo y tomando sus palabras las llevaron ante el rey Saúl. “¿Qué cree ese jovencito que puede ganar? Tráiganlo ante mi, yo estoy vestido de temblor y miedo. Oh, algunas veces Dios usa cosas débiles y al pequeño para confundir al sabio.
Dios usa a aquellos en los cuales el Espíritu Santo habita y habilita para obrar maravillas ante nuestros ojos.
Entonces ante el rey Saúl, se paro el pequeño pastor de ovejas, con el Poder de Dios y con una confianza profunda y fuerte. “Tu siervo irá y peleará con él, y lo clavará; basta a esa voz y muecas que menosprecia y desafía hoy a nuestro Dios”. ¡Pero niño! Tu no estas capacitado, eres joven ¿Qué te da esa confianza que disipa el miedo? “Mi confianza está en Dios, oh rey, y no en mi propia fuerza, porque yo he cuidado las ovejas de mi padre y he matado al león y al oso, he caminado delante de Dios y he ido al lugar secreto todos los días. Yo he probado a mi Dios en las cosas pequeñas, mi Dios nunca ha fallado y no fallará enviándome a defender a su pueblo”. Y Saúl dijo: “Entonces pequeño joven, ve en la fuerza de Dios, pero ponte nuestra armadura, nuestro casco, espada, ceremonias formales y reglas; entonces ve y pelea por el rey, equipado con nuestras herramientas hechas por el hombre”. Pero el David de Dios exclamó: “Sólo con mi vestido de pastor, mi vara y mi cartuchera, oh rey, permíteme ir con simplicidad. El Señor ha salvado sin espada y sin escudo; para la batalla sólo el Señor da la fortaleza. Oh hermano, ¡Si la armadura y las ceremonias fueran suficientes, hacía rato que hubiéramos conquistado y ganado en esta batalla! Entonces el joven pastor tomó cinco piedras muy especiales: Fe, esperanza, amor, adoración y oración. Y poniendo su piedra, la Palabra de Dios se dirigió cerca al filisteo y exclamó: “Tu vienes contra mi con espada, más yo vengo contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos; tu carne será despedazada y toda la congregación sabrá que Jehová no salva con espada y jabalina”. La batalla es ganada con mi Santo Espíritu; dice el Señor. Los ejércitos de Dios se levantarán y volverán a encontrar el Poder de antes. Ya no escucharás más ¿Dónde está tu Dios y su antiguo Poder? Porque un avivamiento inundará nuestros campos y el desafío morirá. Nuestro clamor será: ¡Dios está con nosotros y Su Poder está con nosotros hoy!.
Y se acercó el poderoso prototipo de conquista del mundo, orgullosamente desafiando a los ejércitos de Dios que permanecían con sus distintivos escudos, observando a David lleno del Espíritu Santo, bautizado con el Espíritu Santo, revestido con el Poder de la perfecta Voluntad de Dios; y entonces se encontraron en el valle de Elah, en un momento decisivo.
El hombre fuerte confiando en su fuerza y el muchacho en el Poder de Dios. De pronto inesperadamente, un cambio de dirección del viento y la pequeña honda del pastor, lanzó a través del aire la piedra como una flecha, segura como un pájaro en el viento hasta sumergirse profundamente en la frente del filisteo, y cayó de cabeza al piso. Entonces David, cortó allí su cabeza con la espada del mismo gigante.
Entonces con gran motivo de gozo los hijos de Israel clamaban a gran voz: ¡El Dios de nuestros padres continúa hoy vivo! Y con la confianza guiándolos como alas de fe, bajaron la colina con un nuevo valor en ellos. Y cuando los filisteos vieron a su campeón derrotado, se volvieron y huyeron. Cantos de danzas y júbilo, volvieron con los conquistadores, las mujeres cantaban con júbilo porque las huestes que los oprimían fueron derrotadas. Que triste sin embargo que Saúl no se arrepienta, y busque otra vez del rostro de Dios y su Poder, en vez de dejarse llevar por los celos, porque la Unión de Dios estaba en ese pequeño David y lanzarle a él jabalinas.
Así con nosotros, como hijos de Dios llenos del Espíritu Santo, debemos mostrarnos en nuestra vida diaria con tal sabiduría y rectitud que incluso esos “saules” que nos critiquen nos encuentre “salvos y sanos” tan profundamente en el amor y el Poder de Dios que no podrán encontrar ninguna falla en nosotros.
Exegesis de Aimee Semple.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada