
LA ESENCIA DE LA PASCUA
EX: 12
Estando Israel en Egipto, Dios le ordena a Moisés celebrar la pascua y de paso instituirla como una fiesta que les recordaría el cómo ellos fueron guardados del juicio contra los primogénitos, dando como resultado su liberación de Egipto.
En el nuevo testamento Dios, en persona celebra la pascua con sus discípulos (Mt 26:26). Para los hebreos, la pascua, significa su salida de Egipto; para nosotros la pascua institucionalizada en la Santa Cena, significa la salida del mundo. Egipto, es tipo de mundo y estas cosas en Egipto sucedieron como ejemplo para nosotros hoy.
Dios, le dio instrucciones específicas a Moisés y Aarón acerca de la forma en que ellos debían celebrar este evento tan trascendental, pues ése mes, es decir, el mes de la salida de Egipto, marcaría el comienzo de un viaje, hacía la tierra prometida. Así como para nosotros también hay un “antes de Cristo” y un “después de Cristo”, pues nuestra conversión al Señor marca un cambio en nuestras vida, para ellos, la liberación de Egipto, marcó un cambio total.
Nosotros hemos sido liberados de la esclavitud.
El apóstol Pablo hablando a la iglesia de Efeso, dice: “pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo por gracia habéis sido salvos” (Ef.2:4-5).
Día sublime, el que llegamos a Cristo, pues ese fue el día de nuestra salida de Egipto, y el comienzo de nuestro viaje hacia la patria celestial. La escritura dice que somos peregrinos y extranjeros en esta tierra. Nuestra pascua es la Santa Cena, más, no debemos celebrarla de cualquier manera. Notemos las instrucciones que Dios le entregó a Moisés.
En primer lugar, el cordero para el sacrificio debía ser escogido con anticipación, debía ser sin defecto, de un año y debía ser apartado y guardado para el sacrificio (Ex.12:5-6). Una vez más vemos que en el carácter de Dios, está el “elegir” y el “apartar” para un propósito.
Sin embargo, todos esos sacrificios fueron un reflejo del Cordero de Dios. Juan el Bautista, exclamó al ver a Jesús: “he ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn:1-9). Dios, no encontró un sacrificio mejor que el sacrificio de su propio Hijo, apartándolo desde antes de la fundación del mundo (1 Ped. 1-20).
Isaías, profetizó acerca de Jesús: “como cordero que es llevado al matadero, y como oveja ante sus trasquiladores no abrió su boca” (Is.53-7).
Además de la elección del cordero, Dios le indica a Moisés qué hacer con la “sangre” del cordero. La sangre del cordero debía ser untada en los dinteles de las puertas de los hebreos como una señal de que ellos habían cumplido con el sacrificio; de esta manera el juicio contra los Egipcios no entraría en la casa de ellos.
La doctrina de la redención en la Escritura consiste en el pago del rescate: “vida por vida”. Así Dios, recibía la vida del cordero en lugar de la vida del pecador. La “sangre” representa la vida; es decir: el pago del rescate.
Nuestro rescate ha sido pagado, y la señal de que ha sido pagado es la sangre preciosa del Cristo, derramada en la cruz del calvario. El Apóstol Pedro, dice: “sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecedera como oro y plata, sino con la sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo” (1Pd.1:18-19).
Cristo, personalmente anticipando su pasión en la cruz, instituye la Santa Cena y habla de su propia sangre diciendo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados” (Mt. 26:28).
Nadie puede ser librado del pecado sin ser rescatado y limpiado por la sangre de Cristo. El apóstol Juan, nos dice que “la sangre de Cristo nos libra de todo pecado” (1 Jn.1:7).
EX: 12
Estando Israel en Egipto, Dios le ordena a Moisés celebrar la pascua y de paso instituirla como una fiesta que les recordaría el cómo ellos fueron guardados del juicio contra los primogénitos, dando como resultado su liberación de Egipto.
En el nuevo testamento Dios, en persona celebra la pascua con sus discípulos (Mt 26:26). Para los hebreos, la pascua, significa su salida de Egipto; para nosotros la pascua institucionalizada en la Santa Cena, significa la salida del mundo. Egipto, es tipo de mundo y estas cosas en Egipto sucedieron como ejemplo para nosotros hoy.
Dios, le dio instrucciones específicas a Moisés y Aarón acerca de la forma en que ellos debían celebrar este evento tan trascendental, pues ése mes, es decir, el mes de la salida de Egipto, marcaría el comienzo de un viaje, hacía la tierra prometida. Así como para nosotros también hay un “antes de Cristo” y un “después de Cristo”, pues nuestra conversión al Señor marca un cambio en nuestras vida, para ellos, la liberación de Egipto, marcó un cambio total.
Nosotros hemos sido liberados de la esclavitud.
El apóstol Pablo hablando a la iglesia de Efeso, dice: “pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo por gracia habéis sido salvos” (Ef.2:4-5).
Día sublime, el que llegamos a Cristo, pues ese fue el día de nuestra salida de Egipto, y el comienzo de nuestro viaje hacia la patria celestial. La escritura dice que somos peregrinos y extranjeros en esta tierra. Nuestra pascua es la Santa Cena, más, no debemos celebrarla de cualquier manera. Notemos las instrucciones que Dios le entregó a Moisés.
En primer lugar, el cordero para el sacrificio debía ser escogido con anticipación, debía ser sin defecto, de un año y debía ser apartado y guardado para el sacrificio (Ex.12:5-6). Una vez más vemos que en el carácter de Dios, está el “elegir” y el “apartar” para un propósito.
Sin embargo, todos esos sacrificios fueron un reflejo del Cordero de Dios. Juan el Bautista, exclamó al ver a Jesús: “he ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn:1-9). Dios, no encontró un sacrificio mejor que el sacrificio de su propio Hijo, apartándolo desde antes de la fundación del mundo (1 Ped. 1-20).
Isaías, profetizó acerca de Jesús: “como cordero que es llevado al matadero, y como oveja ante sus trasquiladores no abrió su boca” (Is.53-7).
Además de la elección del cordero, Dios le indica a Moisés qué hacer con la “sangre” del cordero. La sangre del cordero debía ser untada en los dinteles de las puertas de los hebreos como una señal de que ellos habían cumplido con el sacrificio; de esta manera el juicio contra los Egipcios no entraría en la casa de ellos.
La doctrina de la redención en la Escritura consiste en el pago del rescate: “vida por vida”. Así Dios, recibía la vida del cordero en lugar de la vida del pecador. La “sangre” representa la vida; es decir: el pago del rescate.
Nuestro rescate ha sido pagado, y la señal de que ha sido pagado es la sangre preciosa del Cristo, derramada en la cruz del calvario. El Apóstol Pedro, dice: “sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecedera como oro y plata, sino con la sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo” (1Pd.1:18-19).
Cristo, personalmente anticipando su pasión en la cruz, instituye la Santa Cena y habla de su propia sangre diciendo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados” (Mt. 26:28).
Nadie puede ser librado del pecado sin ser rescatado y limpiado por la sangre de Cristo. El apóstol Juan, nos dice que “la sangre de Cristo nos libra de todo pecado” (1 Jn.1:7).
Además, de las instrucciones que Dios les ordenó acerca de la “sangre”, también les enseñó lo que ellos debían hacer con la “carne del cordero”. Los Hebreos, debían comer la carne asada al fuego y debían comerla con panes sin levadura (Ex.12:8).
Hemos sido rescatados mediante la “sangre”, más, debemos mantenernos en Cristo.
La “levadura” en la Escritura es símbolo del “pecado”, así que la carne debía ser comida con pan sin “levadura”. Todo esto es una tipología del Cuerpo o la “carne” de Cristo, pues Él nació sin pecado. Cristo al ser engendrado por el Espíritu Santo en el vientre de María, nació sin la “concupiscencia de la carne, es decir: libre del pecado en su cuerpo.
Así, nosotros debemos “comer” de Cristo para mantenernos en Él. “Comer” de Cristo, es alimentarnos de su palabra, de otra manera no pudiéramos conservar la libertad que nos ha sido entregada. Por eso, Cristo mismo expresó en el evangelio de Juan: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo, si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne” (Jn. 6:51), y luego añade: El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mi y yo en él (Jn.6:56).
Comemos por fe de su “carne que es sin pecado” celebrando la Santa Cena la cual nos recuerda el costo de nuestros rescate y nos insta a perseverar en Él.
Además, de las instrucciones respecto a la sangre y la carne, también hubo instrucción respecto a la “forma” la “posición personal” que los Hebreos debían tener para celebrar la Pascua.
En Mateo 22, se nos habla de un Rey que programó una gran fiesta de bodas; y sin embargo, sus invitados no quisieron ir. Así que mando a sus siervos a invitar a todo los que encontraran. Cuando el Rey, salió para ver a los asistentes, encontró un hombre mal vestido y le pregunto: “amigo cómo entraste aquí sin traje de boda” (Mt.22:12). Como resultado de esto, tal persona fue excluida de la fiesta.
El hecho de Dios haya invitado primero al pueblo Judío y dado a que la mayor parte de ellos rechazó la invitación, entonces invitó a gente de todas las naciones, no nos da derecho a presentarnos a las bodas sin las vestiduras apropiadas.
La Santa Cena, es un anticipo de la gran cena que tendrá lugar en el cielo: las bodas del cordero, esto es, de Cristo con su Iglesia. Cristo en su última cena dijo: ”no la beberé más hasta aquel día cuando la beba de nuevo con vosotros en Reino de mi Padre” (Mt.26:29).
Las “vestiduras apropiadas” representan la “santidad”. Debemos apartarnos de la iniquidad y perseverar en Cristo, guardando su palabra. Para esto, el Apóstol Pablo, enseña que no debemos tomar la Santa Cena indignamente.
La Santa Cena nos prepara para las bodas del cordero.
Exegesis de Pedro Angel.

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