
SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS
Números Cap. 13-14
“ Y el Señor habló a Moisés diciendo: Tu mismo envía hombres a fin de que reconozcan la tierra de Canaan, que voy a dar a los hijos de Israel, enviarás un hombre de cada una de las tribus de sus Padres, cada uno príncipe entre ellos”(Núm 13:2).
Estamos frente al relato histórico en el cual Dios ordena a Moisés elegir a doce hombres para reconocer la tierra prometida. Entre estos hombres encontramos a Josué y Caleb (Num 13:6,8).
A Josué, anteriormente llamado Óseas, fue llamado por Moisés, Josué. Y su nombre equivale al nombre “Jesús” en el Antiguo Testamento.
Entre los doce elegidos, Josué y Caleb resaltan por su fe y confianza en la palabra de Dios.
La elección y la comisión de Dios a los elegidos es parte central en la Escritura. Dios elige y a los que elige los llama y le da una promesa.
La iglesia es la elección de Dios y es la coheredera de todas las promesas consignadas en la Escritura (1P. 2:9).
Números Cap. 13-14
“ Y el Señor habló a Moisés diciendo: Tu mismo envía hombres a fin de que reconozcan la tierra de Canaan, que voy a dar a los hijos de Israel, enviarás un hombre de cada una de las tribus de sus Padres, cada uno príncipe entre ellos”(Núm 13:2).
Estamos frente al relato histórico en el cual Dios ordena a Moisés elegir a doce hombres para reconocer la tierra prometida. Entre estos hombres encontramos a Josué y Caleb (Num 13:6,8).
A Josué, anteriormente llamado Óseas, fue llamado por Moisés, Josué. Y su nombre equivale al nombre “Jesús” en el Antiguo Testamento.
Entre los doce elegidos, Josué y Caleb resaltan por su fe y confianza en la palabra de Dios.
La elección y la comisión de Dios a los elegidos es parte central en la Escritura. Dios elige y a los que elige los llama y le da una promesa.
La iglesia es la elección de Dios y es la coheredera de todas las promesas consignadas en la Escritura (1P. 2:9).
A los doce elegidos por Moises se les entregó la comisión de “reconocer la tierra”. Ya anteriormente Dios le había dicho al Padre de la fe que recorriera la tierra (Gn13:17); así que Abraham creyendo en la palabra de la promesa que Dios le entregaría la tierra de Canaan, así, recorrió la tierra a lo largo y alo ancho (Gn 13:17), la cual Él, daría a Abraham y a su descendencia. De hecho, Hebreos 11 que Abraham habitó como extranjero en la tierra de la promesa (Heb.11:8-9). Fue así como Dios se la entregó.
La fe se apoya en las promesas; de ésta manera, las promesas de Dios, son como el “título de propiedad” de las cosas que son nuestras.
“Y subieron por el Neguev, y llegaron hasta Hebron, donde estaban Ahimán, Sesai y Talmai, los descendientes de Anec (raza de gigantes). Hebron, fue edificada siete años antes que Zofan en Egipto. Y llegaron hasta el valle de Escol y de allí cortaron un sarmiento con un solo racimo de uvas”.(Num 13:23).
Dos cosas encontraron estos doce hombres en la tierra de la promesa: La primera fue que ciertamente era tierra donde fluye leche y miel; la segunda fue que allí habían gigantes, descendientes de Anac.
Así que para entrar a poseer la tierra, debían enfrentar a los gigantes y vencerlos. Génesis 6, registra que la raza de gigantes se da como una mezcla de los “hijos de Dios” y las hijas de los hombres. Los “hijos de Dios” es una referencia posiblemente a “ángeles” de acuerdo con Job 1:1. Luego esto, es una alusión a ángeles caídos. Así que, los gigantes que poseían aquella tierra, eran la misma simiente de Satanás.
Las bendiciones se pueden degustar sin obtenerlas. Ó se pueden degustar y obtenerlas. Para obtenerlas es necesario vencer al maligno por la fe. Efesios dice: “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra Principados, Potestades, Gobernadores de las tinieblas y huestes espirituales de maldad” (Ef 6:12).
Estamos llamados enfrentar al maligno que atrapa las bendiciones las bendiciones de los hijos de Dios. Hubo un hombre llamado David, a quien su padre envió a llevar alimento a sus hermanos que estaban en la guerra. Al llegar allí, David, observó como un gigante de nombre Goliat, amadrantaba al ejercito de Israel, desafiándolo sin encontrar respuesta alguna. David, enfrentó a Goliat, todos debemos recordar sus palabras: “tu vienes contra mi, con espada y jabalina, más yo vengo contra ti en nombre del Señor de los ejércitos, a quien tu haz desafiado, Él te entregará en mis manos y yo te venceré” (1 Sam 17:45-46).
El miedo no debe estar en los hijo de Dios, por la sencilla razón de que mayor es el que los ha elegido y llamado.
“Pero los hombre que habían subido con él dijeron: no podemos subir contra ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros, y dieron un mal informe a los hijos de Israel de la tierra que habían reconocido, diciendo: la tierra por la que hemos ido para reconocerla es una tierra que debora a sus habitantes y toda la gente que vimos en ella son hombres de gran estatura” (Num 13:32-33).
A excepción de Josué y Caleb, diez de los expiaron la tierra, entregaron un mal informe, atemorizando al pueblo. La incertidumbre hizo parte en su informe y echaron aun lado la promesa de Dios: “Te daré la tierra”. Anduvieron “por vista” y no por fe. La visión es la recompensa que viene después de haber oido la promesa y creído en ella. Jesús dijo: “Bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Jn 20:29).
La incredulidad en la palabra de Dios, fue lo que el diablo en el Edén, sembró en el hombre, hasta que Cristo extirpa esa semilla (Gn 3:15).
Necesitamos Josués y Calebs, personas que crean a la palabra de Dios, e insten a otros a creer en la palabra de Dios. Pues la fe es obediencia y así, como Abraham el padre de la fe, obedeció a la voz de Dios y no fue defraudado, así también Dios honra a los que obedecen a su palabra y perseveran en ella.
“Y Josué hijo de Nun y Caleb, hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rasgaron sus vestidos y hablaron a toda la congregación diciendo: la tierra por la que pasamos para reconocerla es una tierra buena en gran manera. Si el Señor se agrada de nosotros, nos llevará a esa tierra y nos la dará” (Num 14:7-8)
Tanto Josué como Caleb, entraron en la tierra de la promesa, los demás “expías” fueron privados del premio de la tierra prometida. Josué, entró como príncipe o líder, junto con Caleb. Sus palabras fueron: “si el Señor se agrada de nosotros”. Y “Dios está con nosotros”. Así fue que luego, después de la muerte de Moisés, fue comisionado por Dios, para guiar a Israel y entrar a una nueva generación a la tierra de la promesa.
Exegesis de Pedro Angel.

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