lunes 1 de septiembre de 2008



MILAGROS Y SANIDAD DIVINA

El Señor Jesucristo continúa vivo y contesta las oraciones de un corazón quebrantado, consolando y sanando. Estos son días de corazones muy quebrantados; días en que los mismos ángeles deben derramar lágrimas sobre las barandillas del Cielo, sobre este viejo mundo; estos son días donde las naciones están negociando guerras; días en que la Iglesia, de acuerdo a las estadísticas ha venido perdiendo piso.En muchas localidades las iglesias están vacías, la grey ha desertado y los Altares ya no son usados. Estos son días donde el mundo está haciendo huella a la puerta de las iglesias, diciendo: “OH Iglesia de Jesús, ¿Tienes algún Poder? ¿Se ha acortado el brazo de Jehová? ¿No puede Él contestar las oraciones? Estos son días donde la adición a las drogas se ha desparramado por la tierra. Ellos viene y dicen: “OH Iglesia de Jesús, ¿Puedes ayudarme? Hemos tomado métodos curativos y nada ha servido”; y la Iglesia contesta: “Lo siento por ti, pero Jesús no contesta las oraciones, Él ya no obra milagros. Si el Estado ni los hospitales no pueden ayudarte, tendrás que aguantarte; lo siento, no hay un Poder milagroso para limpiarte de tu adicción”. Pero, OH Dios, esto no es verdad.Hace algunos años Moisés se paró en el desierto ante una zarza ardiente, de donde venía la voz de Dios llamándolo para que fuera a Egipto y predicara libertad a los cautivos y los condujera a la tierra prometida. Moisés contestó: “Si ellos me preguntan Quien me envió y Cual es Su Nombre, ¿Qué les responderé?”; estos son días en los que todo ministro que es llamado desde la braza ardiente puede hacer la misma pregunta. Cuando yo voy a la congregación y les digo la verdad acerca de la enfermedad, la perdición y los corazones rotos; ellos me preguntarán: ¿Quién te envió y que autoridad te trae? ¿Qué les diré? Y el Señor contestará y dirá: “Yo Soy el que te ha enviado; Este es mi Nombre para siempre. Entonces el ministro dirá: “Yo debo ir, pero yo entiendo que los días de los milagros ya han pasado, que los milagros cesaron cuando la creación se completó”. “NO, YO SOY EL DIOS QUE TE ENVIA, EL DIOS QUE CONTINUA CONTESTADO LAS ORACIONES”. Pero supongamos que ellos me dicen que los milagros terminaron en el diluvio, ¿que debo decirles? “YO SOY EL QUE TE HA ENVIADO, ESTE ES MI NOMBRE PARA SIEMPRE Y SERÁ RECORDADO POR TODAS LAS GENERACIONES, AMEN”. Entonces Moisés fue con el Nombre del Gran Yo Soy sobre sus labios. La sanidad Divina es encontrada a través de toda la Biblia; pensar lo contrario es un error. Cuando Dios hizo la tierra, y creó la humanidad, lo hizo sin pecado y sin enfermedad; lo hizo perfecto a sus ojos, y se agradó de ello. Con la introducción de la maldición del pecado al mundo, Dios envió la maldición de la enfermedad; Cristo vino a quitar la maldición del pecado y a sanar. Esta maldición se manifestó de varias maneras: espinas y cardos, estás espinas que Cristo vistió sobre Su cabeza; no habrá espinas cuando el león y la oveja se acuesten juntos. Otra maldición fue la fatiga, el hombre tiene que conseguir el pan, con el sudor de su frente. Otra maldición fue el dolor de parto con que son traídos los hijos. Luego seguirían la enfermedad y la muerte. Cristo vino para quitar la maldición del pecado; para terminar con la maldición, Él fue herido por nuestras transgresiones y por sus llagas somos sanados. El vistió la corona de espinas y el último enemigo que es la muerte, ha sido conquistada. Y en este momento la puso bajo sus pies. Entonces nosotros hemos adquirido nuestra vida eterna. El primer hombre que oró por sanidad fue Abraham; solo tenemos que voltear algunas páginas y encontraremos, “uno” que cientos de años antes de que Cristo naciera, estaba orando por Abimelec y fue sano él y su familia. Esto fue antes de los tiempos de Cristo; era común orar por el enfermo.Encontramos cuando Moisés condujo a los hijos de Israel, Dios los instruyó para sanidad Divina. En Éxodo leemos la promesa de Dios: “Si guardas diligentemente la voz del Señor Tu Dios y guardas sus mandamientos y estatutos, Yo no pondré ninguna de estas enfermedades sobre ti”, las cuales he traído sobre los egipcios; porque Yo Soy el Dios tu sanador”. Encontramos que no hubo un solo enfermo en este viaje. La próxima cosa que debió hacer sido hecha era poner sangre en las puertas, y la enfermedad y la muerte no entrarían. El pecado y la enfermedad son una misma maldición y se quitan solamente a través de la fe en Dios. Alguien puede preguntarte: ¿Como pudo esta gente ser sanada y sus pecados perdonados antes de la venida de Cristo? Porque el tiempo es un término relativo para el hombre mortal, pero la voluntad de Dios es infinita. Ellos fueron salvos mirando hacia delante a Cristo; así como nosotros somos salvos mirando hacia atrás a Cristo Quien ya vino. Esa misma Mano continúa buscándonos dos mil años después de la venida de Cristo. Cuando Moisés levantó la serpiente en el desierto, los que habían sido mordidos fueron sanados y tuvieron vida. Cristo dijo: “Así como la serpiente fue levantada por Moisés en el desierto, así también el Hijo del Hombre deberá ser levantado”. Esto es una doble sanidad para una doble maldición. Nos encontramos sanidades Divinas absolutamente necesarias a través de todos estos años en los que lucharon con las plagas. Cuando María estuvo luchando con la lepra y fue sacada a las afueras del campamento por un tiempo, ella aprendió una lección: Que Dios no siempre responde en el primer momento, pero cuando ella volvió estaba sanada. Encontramos a un hombre como Ezequias, el rey a quien se le dio la oportunidad de poner su casa en orden y poder morir. Mucha gente dice que cuando llega el tiempo de morir se debe morir; este hombre volvió su rostro a la pared y rogó a Dios y Dios le contestó enviando a Isaías, para decirle que había sido sanado y que le añadiría quince años a su vida. Hay muchos de estos ejemplos, leemos a un hombre llamado Acab, quien murió en sus rodillas; la Biblia dice: “En su aflicción no se volvió hacia Dios, sino hacia los médicos y murió con sus padres”. Él buscó los médicos en vez de Dios y lo normal era ir primero a Dios.En el Nuevo Testamento, encontramos sanidades en días en que ni hombres, ni mujeres predicaban el mensaje. Dios enviaba a un ángel a que moviera las aguas. Menciono esto para mostrar que Él siempre ha estado ansioso de sanar al enfermo. El Nuevo Testamento no comienza hasta que no comienza el ministerio de Cristo. Cristo vino con el propósito de dar vida, y ofrecer una doble sanidad a un doble mal. Jesús tuvo más problemas con los predicadores que nadie en el mundo, a través de Su ministerio. Si Él estuviera aquí hoy, tendría exactamente los mismos problemas. Cuando ellos bajaron al hombre por el techo, Jesús dijo: “Tus pecados te sean perdonados”. Estos hombres sobresaltados exclamaron: “Tu no tienes el Poder para perdonar pecados” Jesús expuso este punto: “Que es mas fácil decir, tus pecados te son perdonados o levántate toma tu cama y anda”. Ninguno de los dos son mas fácil, los dos van de la mano. Después de su muerte y resurrección, Sus maravillosos milagros fueron limitados solo por la gente: “Hágase de acuerdo a tu fe”. Y en un lugar encontramos. “por su incredulidad no pudo realizar sus poderosas obras”. “Métanse en la Palabra, escudríñenla, vayan por el mundo y evangelicen a toda criatura, y siempre habrá entonces sanidades”. ¿No? Tanto como usted vaya predicando el Evangelio verá los milagros. Esos doce nunca hubieran vivido lo suficiente para ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura. Estás señales seguirán a los que en Él Crean (en Su Nombre), ellos echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas y podrán levantar serpientes; y si tomaren cosa mortífera no los herirá; impondrán manos sobre los enfermos y sanarán. Las últimas palabras que Jesús dijo: “impongan manos sobre los enfermos y ellos sanarán”.Probablemente, cientos de ustedes están familiarizados con los hechos ocurridos en el capítulo 3 de los Hechos de los apóstoles, como Pedro vino al templo y encontró a un hombre invalido en la puerta llamada “la Hermosa”. Pedro le dijo: “Míranos, plata y oro no tengo, pero de lo que tengo te doy, en el Nombre de Jesucristo de Nazaret levántate y anda”. E inmediatamente los huesos de sus rodillas y tobillos se fortalecieron y saltando se paró y caminó y entró al templo con ellos, caminando, brincando y alabando a Dios. Permítame llamar a su atención al hecho de que algunos argumentan que los milagros y la sanidad Divina cesaron con la época apostólica. Entonces tengo que llevarlos fuera de la Biblia. Hay solamente dos maneras, por medio de la historia de la Iglesia y por los hechos a nuestro alrededor en nuestros días. Justin Martyr En el 161 A. C, testificó de numerosas sanidades por medio de la oración; estoy citando investigaciones que aparecieron hace algún tiempo. Martín Lutero en el siglo XV y XVI testificó sobre sanidades. Jhon Wesley en 1790 dijo: “Yo he sacado los días de la Biblia y están aquí, ahora”. Es verdad que Wesley proveyó medicina para los pobres aunque creía en la oración. A. J Gordon otro amigo lleno del amor Divino, creyó en la sanidad Divina. También A. B. Simpson fundador de la Alianza Misionera Cristiana; Jame M. Hix pidió oración para sanidad; Andrew Murray, un hombre muy santo cuyos mensajes y escritos alentaron el mundo de Dios, habló firmemente del poder de la oración y dijo que si la Iglesia perdía el poder de sanidad, era por su propia culpa, pero si se arrepiente y vuelve, el Poder también retornará a ella.Se ha dicho que yo me estanqué en la Biblia. Entonces sería imposible probar que los milagros continúan después de escrita la Biblia. Yo he estudiado los días de la Biblia de pasta a pasta y he discutido que la sanidad cristiana no es una moda, sino una práctica devota de muchos. La sanidad Divina no puede ser cuestionada y se puede estar seguro que sus resultados son para siempre. Primero que todo se ha establecido se ha dicho que las prácticas del Antiguo Testamento continuarían, si las sanidades continuaban. Cristo dijo y también los apóstoles, que ya no hay valor en los sacrificios de animales; la Sangre de Cristo fue derramada por nuestros pecados y transgresiones de una vez y para siempre, y ya no hubo necesidad de mas sacrificios de animales después de ese momento. Sin embrago, las sanidades continuaron, y encontramos en Stg 5: 14, que da instrucciones para todos los tiempos, y es orar por los enfermos. “Si está alguno enfermo entre vosotros, llame a los ancianos de la iglesia, que oren por él ungiéndolo con aceite en el Nombre del Señor y la oración de Fe dará salud al enfermo”. Stg 5: 13 dice, “Está alguno afligido entre vosotros, ¡Que ore! Está alguno alegre ¡Que cante Salmos!” No dice que solo los ancianos tienen que orar; cada uno puede orar por sí mismo, y “la oración de Fe salvará al enfermo y el Señor lo levantará y si ha cometido pecados le serán perdonados”. ¿Bajo cual autoridad yo oro, no siendo un anciano? Entonces continuo con el próximo verso: “Confiesen sus pecados unos a otros y oren unos por otros y serán sanados; la oración ferviente del justo, puede mucho”. Yo soy uno de esos, yo puedo orar, ustedes amigos enfermos pueden orar, los ancianos pueden orar los unos por los otros, y una madre puede orar por sus hijos; la oración no esta restringida solo para los ancianos. Escuché decir que el diablo puede curar al enfermo; si el diablo está haciendo este trabajo, entonces ciertamente está cambiando, pero los hombres continúan gimiendo: “Ten misericordia de mi, OH Dios, he sido un pecador, permíteme nacer de nuevo” ¿Esto sería obra del diablo?Si se dice que los Dones desaparecieron con la era apostólica, les recordaré que dentro de los Dones nombrados en 1 Co 12 está la sabiduría; esta no ha desaparecido. El otro es el Don de conocimiento, que tampoco ha desaparecido. Algunos dicen que la profecía ha desaparecido y la Biblia dice: “Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y sus hijos e hijas profetizarán”. 1 Co 12: 9 dice: “A otro Fe por el mismo Espíritu, y a otro Don de sanidades por el mismo Espíritu”. Sin Fe todo es imposible. Nosotros estamos viviendo en la dispensación del Espíritu Santo, que empezó el día de Pentecostés y continuará hasta la segunda venida del Señor. En Hch 2: 28 leemos: “Arrepentíos y sea bautizado cada uno en el Nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el Don del Espíritu Santo, porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos, para todos los que están lejos y para todos cuantos nuestro Señor llame”. El Señor nos ha llamado y nos ha prometido el Espíritu Santo; Dios sabe que la Iglesia necesita el bautismo del Espíritu Santo hoy. No olvidemos el comienzo de 1 Co 14 “Seguid el amor, anhelad los Dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis”. Los Dones son puestos para permanecer. El hecho recibir visión y profecía, no significa añadir a la Palabra de Dios. En 1 Co 14: 3 dice que: “el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación”.
Predicación de Aimee Semple.