Jn 10.
Habéis visto, hermanos, la profundidad de la cuestión. Digo, pues, que el Señor conoce a los suyos; conoce a los que tiene previstos a los predestinados, según se dice de Él: “A quienes previó y predestinó para hacerse conformes a la imagen de su Hijo, de modo que sea el mismo Hijo el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestinó, los llamó; a quienes llamó, los justificó, y a quienes justificó, los glorificó. Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” Luego añade: “Él que ni a su propio Hijo perdonó, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar con El todas las cosas?”. Pero ¿a quiénes de nosotros? A los previstos, a los predestinados, a los justificados, a los glorificados, de los cuales sigue diciendo: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Conoce, pues el Señor quiénes son los suyos: ésas son las ovejas. Algunas veces ellas se desconocen a sí mismas, pero el pastos las conoce según está predestinación, según esta presciencia de Dios, según la elección de las ovejas antes de la creación del mundo, conforme a lo que dice el Apóstol: Como nos escogió a nosotros en El antes de la creación del mundo.
Según esta presciencia y predestinación de Dios, ¡cuántas ovejas están dentro y cuántos lobos dentro, cuántas ovejas dentro y cuántos lobos fuera! Muchos hay entregados hoy a la lujuria que serán castos; muchos se blasfeman de Cristo a que han de creer en Cristo; muchos que se embriagan serán sobrios; muchos raptores de lo ajeno que darán lo suyo propio; pero ahora escuchan la voz extraña, siguen a los extraños. Del mismo modo, ¡cuántos que dentro cantan las alabanzas de Dios le han de blasfemas, cuántos castos han de fornicar, cuántos sobrios han de entregarse después a la bebida; ahora están en pie, después han de caer! Estos no son ovejas. (Hablamos de los predestinados, de aquellos que el Señor conoce que son suyos). Sin embargo, mientras piensan rectamente, oyen la voz de Cristo. La oyen éstos y no la oyen aquéllos, y a pesar de esto, según la predestinación, éstos son las ovejas, y no aquellos.
Aún queda en pie la cuestión, que me parece puede resolverse ahora del modo siguiente: Hay una voz, digo, una voz del pastor, en la cual las ovejas no atienden a los extraños, y las que no son ovejas no oyen a Cristo. ¿Cuál es esta voz? El que perseverare has el fin, éste será salvo.
No desatiende esta voz la oveja propia; la extraña no la oye. Pues Cristo le da esta voz para que permanezca con El hasta el fin; pero deja de oírla si no persevera con Él hasta el fin. Se llegó a Cristo, oyó palabras y palabras, unas de un modo, otras de otro, pero todas verdaderas y saludables, entre las cuales está: Quien perseverare hasta el fin, será salvo. Quien oyere esta voz es oveja. Pero la oyó no sé quién, y perdió la cabeza, se enfrió y escuchó la voz extraña: si es predestinado, es temporal su desvió; no ha perecido para siempre; volverá para oír la voz que desprecio y obrar lo que le fue mandado. Pues, si es del número de los predestinados, Dios tenía previsto su desvarío y su conversión futura; si cayó en error, volverá para escuchar la voz del pastor y seguir a quien dice que el que perseverare hasta el fin, será salvo. Voz excelente, hermanos, verdadera, pastoral; ésta es la voz de salvación en las moradas de los justos. Fácil es oír la voz de Cristo, fácil es alabar el Evangelio, fácil es aclamar al predicador; pero perseverar hasta el fin, es propio de las ovejas que oyen la voz del pastor. ¿Viene la tentación? Tú persevera hasta el fin, porque la tentación no dura hasta el fin. ¿Hasta qué fin has de perseverar? Hasta que finalices la vida. Durante el tiempo que no escuchas a Cristo, Él es tu adversario en este camino, esto es, en esta vida mortal. ¿Qué te dice? Ponte pronto de acuerdo con tu adversario mientras vas con él por el camino.
Le has oído, le has creído, has concordado con él. Si eras adversario suyo, ponte de acuerdo. Si se te ha concedido ponerte de acuerdo, no vuelvas a litigar más. No sabes cuándo acabará tu vida, pero Él sí lo sabe. Sí eres oveja y perseveras hasta el fin, serás salvo. Por esta razón, los tuyos aprecian esta voz, los extraños no la escuchan. Os he explicado o he tratado con vosotros esta profundísima cuestión del modo que he podido y según las luces que Él mismo ha comunicado. Si algunos han entendido poco, conserven la piedad y se revelará la verdad. Y los que la han comprendido, no se envanezcan teniéndose por superiores a los más tardos, no sea que se extravíen por la vanidad y lleguen primero los más lentos. Que a todos nos conduzca Aquel a quien decimos: Guíame, Señor, por tu camino, y caminaré en tu verdad.
Entremos, pues, por la puerta, que el Señor explicó ser Él mismo, para entender las cosas que propuso y dejó sin explicación. Y aunque en esta lectura de hoy no haya dicho quién es el pastor, lo declara abiertamente en la siguiente: Yo soy el buen Pastor. Y si no lo dijera, ¿a quién otro que Él deberíamos entender en aquellas palabras: “ ¿Quien entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas conocen su voz, y llama por su nombre a sus propias ovejas, y las saca fuera; y después de haberlas sacado, va él delante de ellas, y le siguen las ovejas, porque conocen su voz?.
¿Quién otro puede llamar a sus ovejas por su nombre y llevarlas de aquí a la vida eterna sino Aquel que conoce los nombre de los predestinados? Por esto digo a sus discípulos: Alegraos, porque vuestros nombres están escritos en el cielo; por eso las llama por su nombre. Y ¿Quién otro las puede sacar sino Aquel que perdona sus pecados para que le puedan seguir libres de esas férreas atadura? Y quién ha ido delante de ellas, a donde deben seguirle, sino Aquel que, resucitando de entre los muertos, ya no muere, ni la muerte le dominará jamás; y que dijo cuando estaba aquí visible en carne mortal: “Padre, quiero que estos que me has dado estén conmigo donde yo estoy”. En estas palabras declara con evidencia que no sólo el pastor, sino también las ovejas deben entrar por la puerta.
Pero ¿qué significa entrará y saldrá, y hallará pastos? Bueno es entrar en la Iglesia por la puerta de Cristo, más salir de la Iglesia al modo que dice este mismo San Juan Evangelista en su Epístola: Salieron de entre nosotros, pero no eran de los muertos, no es nada bueno. Tales salidas no pueden ser aprobadas por el Buen Pastor, cuando dice que entrará, y hallará pastos. Hay, pues, no sólo una entrada buena, que es Cristo. Más ¿cuál es está laudable y bienaventurada salida? Bien pudiera decir yo que entramos nosotros cuando pensamos algo internamente, y que salimos cuando exteriormente ejecutamos alguna obra. Y puesto que dice el Apóstol que Cristo por la fe habita en nuestros corazones, entrar por Cristo sería pensar según la fe misma, y salir por Cristo sería pensar según la fe misma, y salir por Cristo, obrar exteriormente, es decir, delante de los hombres por la misma fe. Así dice el Salmo: Saldrá el hombre a su trabajo; y el mismo Señor: Luzcan vuestras obras delante de los hombres. Pero me agrada más lo que la misma Verdad, como pastor bueno y buen maestro, nos indica en cierto modo sobre cómo debemos entender estas palabras: “Entrará y saldrá, y hallará pastos”, añadiendo a continuación estas otras: “El ladrón no viene sino para robar, matar y hacer estragos; más yo he venido para que tengan vida, y la tengan en mayor abundancia”. Me parece a mi que es como si hubiese dicho: Para que tengan vida cuando entran y la tengan más abundante cuando salen. Porque nadie puede salir por la puerta, esto es, por Cristo, para la vida eterna, enla que se vive de la visión, si no ha entrado a la vida temporal, en la que se vive de la fe, por la misma puerta, es decir, por el mismo Cristo en su Iglesia, que es su redil. Por eso dice que ha venido para que tengan vida, o sea, para que tengan la fe, que obra por la caridad, y por esta fe entren en el redil para que vivan, ya que el justo vive de la fe; y la tengan más abundante quienes, perseverando hasta el fin, salen por aquella puerta que es la fe de Cristo, porque mueren como verdaderos fieles y tendrán la vida con mayor abundancia al llegar allí adonde les precedió el pastor y donde nunca volverán a morir. Y aunque aquí en el mismo redil no faltan pastos, y porque tanto a la entrada como a la salida podemos aplicar las palabras: Y hallará pastos, sin embargo, allí hallará los verdaderos pastos, que sacian a quienes tienen hambre y sed de justicia, como son los pastos que halló aquel a quien dijo: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Pero de qué modo sea Él mismo la puerta y el pastor, para que ´
Él entre en cierta manera por sí mismo, y quién sea el portero, se hace hoy muy largo inquirir y explicar según las luces que Él se digna concedernos.
Exegesis de Agustin de Hipona.

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